2008-11-09

Spinoza

El mundo no va hacia ningún lado, aunque desde el punto de vista humano hay infinitas direcciones… todas absurdas, por otra parte.
El resultado final siempre es el mismo, ese “otro del ser” tan filosófico [‘muerte’ en palabras llanas] que iguala a pesar del dinero y de las cosas.
Desde esa certeza –debe ser la única que tengo, la certeza de muerte– me parece absurdo tanto la depresión por temor como la alegría por posesión, circunstancias ambas tan poco naturales como corrientes en nuestro mundo artificial.
Hoy me contaba Antonio, mientras leía a Spinoza, cómo el prurito de Dios termina siempre apareciendo como una sombra en las mentes más lúcidas mientras nuestro común pariente se comía un trozo de hornazo postantidepresivos… Yo andaba agotado y apenas atendía a otra cosa que no fuera impedirle a mis ojos que se cerrasen, y lo hacía preguntándome cómo un creyente con una fe a lo bestia puede entristecerse ante lo que se averigua como lo ‘mejor’, ese llegar al… ¿Padre? …que espera con los brazos abiertos… ¡Ay!, las dudas, siempre las jodidas dudas para hacerlos sentir en pecado o simplemente desgraciados.
Gracias a todo lo que se mueve, para mí la muerte es muerte y basta… lo malo es que tengo hijos y debo buscarles acomodo.

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