2008-11-09

Heidegger

Leo en un estudio de Mauricio González sobre ‘Ser y Tiempo’, de Heidegger, unos párrafos muy interesantes sobre la “apropiación de la impropiedad”, trabajado en el aspecto de controlarlo y disponerlo todo como tendencia predominante en nuestro tiempo, una suerte de globalización individual que viene propiciando cambios importantes sin que aún se pueda definir si para bien o para mal, aunque me da en la nariz que ese afán [casi lujurioso] de control y disposición no va a traernos consecuencias maravillosas.
Confieso, antes de seguir, que el universo conceptual de Heidegger está lleno de interés para mí, pero también está preñadito de dificultad, circunstancia por la que suelo acudir con frecuencia a artículos y estudios sobre el autor que, por otra parte, suelen complicarme más las cosas. El caso es que en la creación de mi pequeño y errado universo filosófico voy sumando conceptos poco a poco que sirven para armar mis interpretaciones y argumentar de alguna forma [delgada o gruesa] el decurso social, moral y afectivo de mis vivencias personales.
Sigamos…
Mientras que la ‘propiedad’ implica al ser [a mí o a ti] como artilugio concreto moviéndose en un campo de posibilidades reales, la ‘impropiedad’ acudiría a todo lo imposible desde mi estado actual, lo que no es susceptible de ser alcanzado bajo las bases y el estado real en el que estoy… Entendiendo esto, que no me parece demasiado complicado, entenderemos perfectamente lo que supone esa ‘apropiación de la impropiedad’ a la que me refiero [que ya no es la definida por Heidegger, ojo, ni la explicada por Mauricio G.; sino la trabajada a partir de sus estupendas improntas].
Así, el hombre tiende en este tiempo a minusvalorar lo que le es propio para extenderse en una loca aventura por lo que le es impropio, cambiando los referentes reales por peligrosos referentes virtuales que distorsionan sus funciones sociales, morales y éticas [gran culpa de tal desaguisado la tienen los medios de masas y, cómo no, la cibernética y la informática con sus constantes avances no medidos en pautas de evolución lógica y mayoritaria de la mente humana].
El resultado es exactamente sensación constante de fracaso y, cómo no, ‘fracaso’ con todas sus letras.
En internet, por ejemplo, accedemos con sólo conectarnos a un infinito mundo de información que ya consideramos como propia, aún sin alcanzar el mínimo nivel de conocimiento [he aquí un claro ejemplo de apropiación de lo impropio], circunstancia que en el campo de lo real acabará frustrándonos, ya que damos esos conocimientos por sentados y los admitimos como nuestros en un terreno tan potencial como resbaladizo. Desde ese punto decidimos desdeñar nuestras posibilidades reales sustituyéndolas por una virtualidad que nos deja absolutamente vulnerables.

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