2008-12-25

Marina Tsvetaeva hace un nudo corredizo en Élabuga

En el Este se fragua la conciencia del mundo.
En el Este del frío, donde el jardín se hiela,
florece el ideal como rosas de escarcha.

Yo, que me senté sobre el cadáver de mi hija
a escribir versos, aún confío en el Este,
en este punto exacto que solo es triunfo o tumba.

El frío me penetra hasta las ingles
y apenas tengo entrañas, pero escribo
con mis manos heladas, entumidas.
Escribo que el futuro es un verso de Pasternak
o una elegía de Rilke llena de sed y huesos.

Me encenderá el carmín el rigor de la cara,
peinaré mis pestañas hasta engañar los ojos,
enhebraré el collar de nudo corredizo
y abrazará mi cuello la calidez del ángel.

En el Este también la soledad lo es todo.

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Marina Tsvetaeva de ahorcó en Élabuga el día 31 de agosto de 1941.

© luis felipe comendador

Antonia Pozzi alumbra un verso que se alitera a ratos

Entre mis piernas un mar rojo se riza,
se arraudala en los muslos,
cabalga las rodillas y se encharca.

No hay apósito o dique
que detenga el fluido,
ni específico férrico
que aminore la anemia.

Me miro las entrañas con mis ojos mordidos
por la fiera del miedo.

¿El torrente es dramático!

Intento reducirlo,
matarlo,
detenerlo,
apostillarlo,
herirlo...

Y en las sábanas rojas,
derrotada,
desisto.

Una mujer en prosa
soy ya...

Se acabó el rito.

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Antonia Pozzi ingirió una sobredosis de fármacos en su casa de Milán el día 3 de diciembre de 1938.

© luis felipe comendador

Alfonsina Storni lucha por ser sirena

Ya en la lonja lloraba
al ver aquellos ojos abiertos sobre el hielo,
me daban mucho miedo los ojos
de los peces difuntos
en aquellas pequeñas fosas comunes de madera
preñaditas de escarcha.

Lloraba por todos aquellos peces
con las bocas abiertas y las branquias sangrando.

Una vez tuve peces de colores en mi cuaerto,
y les cambiaba el agua, y les daba las migas de pan
que el mantel recogía después de las comidas y las cenas.
Los peces mordisqueaban como tencas su ración
y miraban la luz de las tulipas de mi cuarto
como a un planeta extraño con luz propia.

Un mal día se murieron mis peces
y volvía a ver aquellos ojos muertos de la lonja
mirándome sin vista,
recordando desnuda
el hecho doloroso que nos muerde.

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Alfonsina Storni se internó despacio en las aguas del Atlántico en Mar del Plata el día 25 de octubre de 1938.

©luis felipe comendador

Leopoldo Lugones quema sus libros

¡Oh, Catulo!, genial poeta, el único;
¡cómo ardes!,
cómo humea tu Lesbia ante mis ojos.

En la pira eres uno más,
una pavesa solo.

Recuerdo nuestras tardes,
tú y yo quietos,
en el chéster tan cómodo
de mi casa en la Isla del Tigre,
yo era el efebo, el poeta enemigo,
la hetera que te daba placeres
a cambio de tus versos...

Purifícate en la llama naranja
y hazte ceniza en el rito de Stromboli.

¡Qué bien ardes, amigo!

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Leopoldo Lugones murió por ingestión de cicuta en la Isla del Tigre el día 18 de febrero de 1938.

© luis felipe comendador

Attila József duerme sobre una vía su naufragio

Alguien muere por mí cada mañana
y no soporto bien tal sacrificio.

Espectros enconados en rodearme de muerte
me persiguen.
No puedo detenerlos ni con el sueño plácido,
ni viviéndome a tragos los minutos perdidos,
ni corriendo alocado puedo salir de su órbita.

Alguien muere por mí en este justo instante.
Ya se oye el tren rugiendo,
me presto a su presión para morir por todos
los mortales.

Y no lloréis por mí.
Solo pago mi deuda.

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Attila Jízsef se tiró al tren en las cercanías de Balatonszárszó el día 3 de diciembre de 1937.

© luis felipe comendador

René Crevel se hace una tisana y olvida encender el fuego

[a Javier Lostalé]

Los atléticos cuerpos de los jóvenes
nadando en las piscinas naturales del Boga
o tumbados al sol
en pura exposición
de músculos desnudos.

Los jóvenes varones
retozando sus luchas
rebozadas de pieles y sudores.

Son como el mármol mismo
veteados de venas
que dan volumen y éxtasis,
sin vello que rizar en sus vientres serenos,
sin besos desatados en sus bocas cremosas.

Se zambullen a veces como garzas blanquísimas
y semejan delfines en su danza de agua.

Llevan el pelo corto,
las axilas del bálsamo más propio de los héroes,
el sexo resaltado por sus coulottes de lycra
los muslos como templos...

... y esta llave de gas que contiene la muerte
en solo un giro.

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René Crevel abrió la espita de gas y se dejó morir en París el día 18 de junio de 1935.

© luis felipe comendador

2008-12-23

Raymond Roussel contrata a un asesino

Sígame algunos días,
hasta que su presencia sea costumbre.
Compre un arma efectiva
con demostrada calidad de muerte
y atáqueme con saña
cuando note hacia usted mi indiferencia.
Cerciórese sin miedo de que ya no respiro,
de que me es imposible volver a ser
y, luego, entréguele esta carta
sellada a mi albacea.

Le nombro mi heredero,
como ve.

Y olvídeme después
igual que lo ha hecho el mundo.

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Raymond Roussel fue encontrado muerto en un hotel de Palermo el día 14 de julio de 1933

© luis felipe comendador