2008-12-13

Florbela Espanca completa su sueño eterno

Todo aquel que es profundamente honesto,
todo el que conoce cómo se mueve el mundo
y lo abomina,
todo el que busca que haya una causa noble
ebria de justicia,
el libre,
el consecuente con sus actos,
el que se alimenta de la sensibilidad...

todos ellos
y cada uno en su piel y su esqueleto
son suicidas.

Morir no es fácil,
no,
pero es lo más correcto.

•••

Florbela Espanca murió por una sobredosis de veronal en Matozinhos el día 8 de diciembre de 1930.

© luis felipe comendador

Ramos Sucre lucha contra el insomnio

Caminar por las noches hasta el éxtasis
o hasta la desesperación,
derrotando farolas, descaminando aceras
y contando los últimos nictálopes
hasta el negro total
o hasta el dolor del alba.

Los gatos son hermosos en estas horas ciertas
de minutos larguísimos.
Sus ojos desperezan mis instintos más bajos,
aunque no soy capaz de desbocarlos.

Algún destello a veces
de un automóvil mágico
y esta soledad única, indescifrable y nítida
de segundos eternos
que reclama descanso,
aunque sea final.

•••

José Antonio Ramos Sucre murió tras cuatro días de agonía por haber ingerido una sobredosis de barbitúricos el día de su cuarenta cumpleaños. Fue en Ginebra el día 13 de junio de 1930.

© luis felipe comendador

Vladimir Maiakovski muere de revolución

Ya es oyen los cánticos,
los gritos,
de los pobres del mundo
caminando hacia el norte
con sus hoces altivas rezumando una sangre burguesa
que gotea mansamente sobre sus sucios rostros.

Mi corazón cabalga de una extraña alegría,
es un timbal siniestro de entusiasmo y de sed.

Vienen de Macedonia, del Sahara extranjero,
de Corfú, de Aquitania,
del mismo corazón de la manzana de cemento
donde fueron esclavos.

No tienen ideólogos, no quieren.
No admiten la política ni el orden.
Rugen y arrasan todo,
apalean con odio al tirano y a todos sus delfines.

Ya se sienten sus pasos como uno.

Vienen desde los monzones eternos,
desde el volcán de barro, desde los huracanes,
y son la muerte misma, una muerte gloriosa y espartana.

Tiemblen todos los virreyes,
los hombres del petróleo,
las sucias alimañas del dinero,
los que contemporizan,
los de la caridad.
Tiemble el mundo entero,
pues los pobres se han cansado
y no hay armas posibles contra su rabia.

Muero de libertad
mientras el mundo es un incendio.

•••

Vladimir Maiakovski se disparó un tiro en Moscú el día 14 de abril de 1930.

© luis felipe comendador

2008-12-12

Jacques Rigaut funda la Agencia General del Suicidio

La autodestrucción como acto de fe,
como bandera,
como norte total e inexcusable,
como justa rebelión,
como protesta,
como arma letal contra uno mismo,
como risa final,
como método justo de vaciarse,
como máscara o pose –que es los mismo–,
como efecto aceptado, irreversible,
como par de la vida,
como guerra interior no declarada,
como peligro urgente y necesario,
como razón del justo y el tirano,
como expresión moderna y muy en boga,
como lucha interior introspectiva,
como forma de crítica al sistema,
como terapia absurda y consecuente,
como remedio justo contra el cáncer,
como claudicación,
como mordaza,
como final también,
como principio...

Como negocio, en fin,
seguro y cierto.

Se admiten asociados
en cómodo sistema de franquicia
o accionistas solventes sin escrúpulos.

•••
Jacques Rgaut se disparó un tiro en el corazón y lo hizo en París el día 5 de noviembre de 1929.

© luis felipe comendador

Costas Cariotakis escribe en el Café Celestial

Vuelan los grajos en bandadas
hacia los abedules
como un velo de muerte;
sus graznidos
no pueden volar solos,
no pueden vivir solos.

Miro el Mediterráneo desde el acantilado,
el mar,
el Mar...
pero no veo su fauna,
esos seres del agua en constante acabamiento,
en eterno final.

Soy como un pájaro enamorado del abismo
y de las olas;
un pájaro sin escamas de pez, sin branquias ni pulmones,
un pájaro inexistente que solo sabe caer...
y es demasiado.

¿Cómo será la nada del abismo?
¿Cómo será la muerte?

•••

Costas Cariotakis intenta ahogarse en el Mediterráneo y, al no conseguirlo, vuelve a su casa, se ducha y se arregla para dispararse un tiro en el corazón bajo un eucaliptus. Fue en Prévesa el día 21 de julio de 1928.

© luis felipe comendador

Paco López Merino hace tertulia con Borges y se pega un tiro

Llegamos aquí jóvenes y bellos,
con los sentidos ávidos, perfectos;
con la miel y el almíbar coronando
estas bocas jugosas, hechas para la sal
y el abandono.

Llegamos desnudos como cuerpos...
y poseemos la música, los gestos,
las miradas totales.

Sabemos enseguida del abrazo y la lágrima,
del duelo y de la risa,
de la certeza absurda que es la duda
constante y sistemática,
de las negras cenizas que es el hombre
y sus dardos.

¡Ah!, las sombras, maestro,
esas sombras que son luz en sus ojos
y en sus manos como un libro de arena,
esas sombras que vomitan razón
y alumbran todos estos muertos tristes
que nos hacemos cada cuatro segundos.

Llegamos para irnos definitivamente
dejando entre los túmulos la triste calavera,
unas flores quizás
y algunas letras que den calor al mármol
y avisen a otras vidas de que lo inexorable
respira en cada cuerpo hasta que al fin lo agota.

Esta hora es perfecta para el último hálito.

•••

Paco López Merino se disparó un tiro en la sien. Lo hizo en el retrete de un café de la ciudad de La Plata el día 22 de mayo de 1928.

© luis felipe comendador

Sergei Esenin se ahorca en el hotel Angleterre de Leningrado

Otra vez el espejo...

¿Para qué quiero conciencia?

•••

Sergei Esenin se ahorcó en una habitación del hotel Angleterre después de escribir unos versos con su sangre. Fue en Leningrado el día 28 de diciembre de 1925.

© luis felipe comendador

2008-12-11

Arthur Cravan boxea con Jack Jhonson

El hombre se pierde en el hombre.
Otro golpe.
Los burdeles se cierran al amanecer
como los ojos de las bellas prostitutas que los habitan.
Otro, otro golpe.
Los amantes se besan en el lecho de un hombre que trabaja en el puerto;
la pasión del adulterio desatado.
Otro golpe.
Si yo fuera mujer, me podría lo físico: lesbiana.
Otro golpe, otro golpe, otro.
Y el hombre engolfándose en pura matemática,
engañándose en números y teoremas absurdos,
buscando en el análisis empírico la fórmula de un tiempo que se pierede.
Otro, otro, otro golpe
–este cabrón es bueno, y su esgrima magnífica–.
Ya no veo nada,
estoy ciego,
nublado,
grogui.

Las cerraduras de las propiedades
de cada uno de nosotros como ojos de vacío,
como restos de la vida, como tumbas pequeñas, huecas.
El autobús, el coche,
las niñas con mochila en las tardes de semáforos ámbar,
en agosto el mar, el sueño en lunes,
el alquiler sin dinero y sin contrato,
las rosas en el jardín buscando la sangre de unos dedos vírgenes...
¡Oh!, Ginsberg, el olor de las criadas,
el mercado, la orgía de la calle y sus misterios,
el yonki, la hermosa boticaria
que me vende entre risas barbitúricos,
sus pechos, sus caderas, su sexo como una vela encendida,
como los chorretones de cera de una vela encendida;
el rito del hombre solo en la calle,
la cama y la persiana.
¡Oh!, Ginsberg, la persiana como cárcel horizontal.
Subirse a todos los trenes con un destino incierto,
quién sabe si Bogotá o El Cairo,
y follar en los túneles con las desconocidas
sin saber más de ellas que el ardor...

... Y un barco con el que hundirte
en la bahía de México
mientras el mar se pierde en el mar.

•••

Arthur Cravan desapareció una noche en la bahía de México en 1919.

© luis felipe comendado
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2008-12-10

Mario de Sá Carneiro escribe a Pessoa

Aún me miro en el espejo
buscándome en el cuerpo que contiene,
pero solo me encuentro en los objetos:
en el reloj de cuerda,
en la camisa blanca recién almidonada por mi madre,
en los zapatos negros que brillan
como dos coleópteros heridos
por los rayos del sol
que escupe la ventana de mi cuarto,
en el sombrero gris que acota el justo límite de un cráneo...

También me reconozco sin dudarlo
en ese justo y sobrio decorado que conforma mi espacio:
en el galán de noche con mis prendas colgadas
como ahorcados,
en la cómoda vieja, en el armario...

Pero el cuerpo que posa, el que me mira,
el que envejece al lado de mis cosas...
ese tipo no es yo,
no le conozco.

•••

Mario de Sá Carneiro tomó estricnina en París el día 26 de abril de 1916.

© luis felipe comendador

Georg Trakl se lamenta antes de morir

Cuando la noche apaga los colores
mis ojos no sirven más que para el luto
y las exequias.

No he vivido, y me duele...
No he sabido cerrar las bocas con besos
ni con palabras dulces,
no he gritado mi rabia más que a los espejos,
no he paseado los campos,
no he libado el néctar del amor ni el de la risa,
no he corrido peligros
ni el riesgo ha cabalgado por mi sangre.

No he vivido, lo sé...

Tan solo he muerto.

•••

Georg Trakl se administró una dosis de cocaína que le produjo la muerte. Fue en Grdek el día 3 de noviembre de 1914.

© luis felipe comendador

Peiu Yávorov se formula una pregunta en Ginebra

Ya no puedo arder más 
en esta llama.
Nada puede volver.

¿Qué hacer entonces?

•••

Peiu Yávorov ingiere veneno y se pega un tiro en la cabeza en Sofía el día 16 de octubre de 1914.

© luis felipe comendador

Periclís Yanópulos cabalga hacia Eleusis

Es blanco el corcel de la muerte
y veloz como unos ojos.
Me lleva en su galope al mar
alisando mis cabellos rizados
en el Campo de Venus.

La tierra son los hombres que la horadan,
los que pueblan sus hondas sepulturas
con huesos arbitrarios y con flores...
pero ellos perseveran en su labor diaria,
arañando el horror del desperdicio,
descuidados del hálito de muerte
que pende inexorable sobre todo.

Yo aguanto en mi montura
los embates del viento, los esquivo,
hasta que estalla en rojos
la abrupta costa helénica:

Es Ítaca
y no duele.

•••

Periclís Yanópulos, en las cercanías de Eleusis, monta un caballo blanco a galope hacia el mar; cuando el caballo no pude avanzar más, se apea y se dispara un tiro con su revólver. Sucedió el día 10 de abril de 1910.

© luis felipe comendador

Wolf von Kalckreuth escucha a Rilke

Como la vida, amigo,
en el árbol florece,
así también la muerte
conoce la pulsión de sus segundos.

A cambio de la herida de tu sien,
recibe esta elegía
que me pondrá el laurel de tu epitafio.

•••

Wolf von Kalckreuth se disparó una bala en la sien junto a su cama en la ciudad de  Cannstadt. Fue el día 9 de octubre de 1906.

© luis felipe comendador

Ángel Ganivet se bebe el Duina

Quizás esté lo muerto en nuestra alma,
quizás no seamos más que solo muerte,
quizás vivir no sea ninguna suerte
pues solo en cada muerte hay una calma.

Quizás de no morir fenece el alma
y por ello la vida alumbra muerte.
¿Por qué no abandonarnos a la suerte
del tiempo que nos resta hasta la calma?

En este río helado en que me miro
podría estar el fin de mi reflejo
y el descanso total que necesito.

No la horca, el arsénico ni el tiro,
jamás la bala... nunca el aparejo;
prefiero un trago amargo e infinito.

•••

Ángel Ganivet se lanzó dos veces al río Duina... la primera pudieron sacarle del agua. Sucedió en Riga el día 29 de noviembre de 1898.

© luis felipe comendador

José Asunción Silva se hace dibujar un corazón en el pecho

Conociendo con precisión exacta
cada punto vital
y rodeándolo con una diana cierta,
tendré siempre constancia
de que la muerte habita donde la vida late.

Dibújeme, doctor,
un corazón gemelo
al que mi pecho encierra,
y hágalo en el lugar justo que ocupa.

No soy buen tirador,
usted me entiende.

•••

José Asunción Silva se disparó un tiro en el corazón, sobre el que se hizo dibujar un corazón par por su médico. Colocó una esponja entre la camisa y su cuerpo para no manchar su traje. Sucedió el día 14 de mayo de 1896 en Bogotá.

© luis felipe comendador

Antero de Quental sufre una crisis de histeria en Coimbra

¿Cómo querrá la muerte mi alma,
si está muerta?
¡Qué avidez por mi cuerpo deslavazado
y seco!
¿No es el alma el botín?...

¡si yo no tengo!

•••

Antero de Quental murió de dos disparos. Sumano apretó el gatillo. Fue en Punta Delgada el día 11 de septiembre de 1891.

© luis felipe comendador

Gérard de Nerval pasea por los bosques de Valois

La mañana era extrañamente fría
y Nerval dialogaba con la nieve:

«Ahorcarse con el sombrero puesto
es burlar a la muerte de dos formas...
lo mismo un día de estos
le hago un quiebro».

•••

Gérard de Nerval apareció muerto en la nieve de París el día 26 de enero de 1855.

© luis felipe comendador


•••

Gérard de Nerval se promène dans les bois de Valois.

Le matin était bizarrement froid
et Nerval conversait avec la neige:

"Se pendre, son chapeau sur sa tête
c'est doublement mystifier la mort...
peut-être qu'un de ces jours
je lui ferai un écart".

...

Gérard de Nerval fut retrouvé mort à Paris sous la neige le 26 janvier 1855.

© luis felipe comendador • "Paradis du suicidé".
Traducción al francés de Sinda Pino

Thomas Lovell Beddoes viaja en tren hasta Göttingen

Tiéndete por si fuera el final
mientras los campos pasan
rizados del barbecho y amarillos.
Tiéndete desnudo, con los ojos cerrados,
para esperar que el mundo estalle
y te elimine.
No luches,
guarda tu aliento para la belleza última del caos.

Y si el tiempo final se demorase,
liba este amargo arsénico que te pongo en el vaso.

No merece este mundo
más que el tosco volumen de tu cuerpo.

•••

Thomas Lovell Beddoes murió por ingestión de veneno después de haber perdido una pierna en un intento de suicidio anterior; lo hizo el día 26 de enero de 1849 en Basilea.

© luis felipe comendador

2008-12-09

Kleist atraviesa el corazón de Henriette mientras ella sonríe

Solamente hice versos en mi vida,
versos llenos de mí, pero vacíos.

He sufrido hasta el éxtasis
y solo este poema, como un tiro,
es capaz de sumar.

Sonríe mientras el arma apunta
tus últimas ideas en su pólvora...

... y espérame un minuto antes de irte.

•••

Heinrich von Kleist se disparó un tiro en la boca después de disparar sobre su compañera Henriette el día 21 de noviembre de 1811. Lo hizo junto al lago Wannsee,

© luis felipe comendador

Karoline Günderode hace el amor con Creuzer por última vez

Adiós a todo digo,
a todos,
pues creo que adonde voy no hay ni recuerdo.

Me quedo del amor el sabor de unos besos
hechos de vino añado y saliva cremosa;
del llanto, con las lágrimas que me tragué,
amargas como limones verdes;
de la risa, con tus ojos mirándome admirados,
preguntando a mis ojos;
del mundo y sus misterios, me quedo con el aire
que transporta el olor de la carne que arde...

Y no mires atrás cuando me vaya,
no mires a los besos que se pudren en mi boca,
no a la piel que abandonaste limpia,
no a los ojos abiertos,
no al vértice.

Derrota a tu naufragio y olvida ya esta nave
que ni pecio será con unos años.

•••

Karoline Günderode se clavó un cuchillo en el corazón y se lanzó al Rhin el día 26 de julio de 1806.

© luis felipe comendador

2008-12-08

Thomas Chatterton conversa con T. Rowley

El dardo de la muerte rozó mi frente esta mañana
buscando un corazón que atravesar
y no fue el mío.
No sé a qué criatura se llevó con la Parca,
pero el silencio se hizo en mí durante un tiempo.

Mira ahora, mi amigo, cómo la luz repite
su función más diaria entre los soportales,
cómo el gentío arma su labor
y los cobros
sin percibir siquiera el vacío tremendo
que ha dejado este dardo en mi garganta.

La rutina y sus usos son un túmulo abierto,
y sus fauces voraces mastican el secreto
de esta nada terrible hecha de soledad.

Hasta el Sol se desploma de tanto gris,
y ya no sé qué hacer,
si luchar por la luz
o buscar ese negro natural, infinito...
que contraste con todo como un espejo opaco
enfrentado a una piel.

Existir es no estar,
pero que alguien te nombre
o que grite que el dardo de la muerte laudánica
te atravesó la seda suave del corazón.

•••

Thomas Chatterton se envenenó con arsénico en una buhardilla de Londres el 25 de agosto de 1770

© luis felipe comendador

Liminar

Se riza el cuerpo
en pura histología:
la dermis, la epidermis,
la célula primaria
imperceptible al ojo,
la grave microflora
que limpia el intestino,
el tendón como un arco,
el músculo abultando su belleza...

Se riza el cuerpo
por sus nervaduras
y es electricidad también
–no solo química–,
y es universo entero
disperso y uno.

Es voluntad unánime
de toda su materia
desde el más leve tic
hasta el beso buscado.

Verlo morir es bello,
como sentirlo vivo.

2008-12-07

El frío

El vaho nos saca el frío,
y en los riscos de carne
se blonda el vello virgen
como en un sobresalto.

Tener alas ahora
sería imprescindible
para poder migrar
a esas islas vehementes
donde el azar son grados.

Túmbate sobre mí para que te sopese
y aprenda que tu abrigo
late a la par exacta que mi cuerpo tirita.

Descubre sobre mí que el calor se conserva
y argumenta una hipótesis
de esta celebración,
de este altar,
de esta tíara.