2008-11-08

Escuchando a Regina Spektor

No dudes de mí,
porque soy el puente hecho de dedos,
el que abre la puerta antes del resplandor
y quien consigue que el marfil se haga templo de carne.

Mira detrás de la bruma
y me encontrarás luchando entre los lirios
para hacerte brotar como los tallos nuevos.

Mira… y verás la resina que arde para sellar tu boca
y dejarla acotada en un estribillo de hermosos gestos.

Se empañan los cristales
y el mundo es la tiniebla que hay afuera entre la lluvia suave que no cede.

No dudes de mí,
porque soy el magnesio que habrá de darle luz a tu contorno,
la piel que ha de rozarse con la tuya,
el peso justo que ha de llevarte al cero,
el viento…

Amaina el temporal
y la tarde te esculpe eterna en mis pestañas.

Enumeración caótica

El mar no es cielo hoy
[cumpliendo con el rito marcado de los cumulonimbos],
las monedas hacen su fiel gimnasia de ‘pinball’
para deslizar un Chester hasta mis manos blancas,
la camarera mira con ojos de antesdeayer a mis ojos de luego,
el verde ya se ajusta en el monte
y empieza a confirmar sus amarillos,
es fresco mi espacio en las horas de calor,
pasa un muchacho azul con camiseta,
la paloma del tejado sigue cagando su paz sobre los hombros de la gente,
hay tormentas pendientes en la sierra y en casa,
Magdalena vomita sin saber que su cuerpo es pura anatomía de todo lo agotado,
hay tiestos en barbecho en algunos balcones,
saltan dos pechos vírgenes buscándome los ojos,
una mosca persigue este verano,
colma el amor la esquina de una calle,
chillido de ambulancia [la muerte no reposa],
siento a Alejandra Pizarnik agarrada a mi espalda,
el tiempo es plano y líquido,
hay fiesta en unas manos,
dos rizos me recuerdan las tardes de merienda,
me hacen daño las chanclas en el justo interdedo,
suena Pamela Barber y es como un bebedizo,
alguien me echa de menos y yo no siento nada…

Necesito una pasión para abrir de nuevo el mundo ante mis ojos,
para darle otra voz, para lavarlo…
una pasión concreta y definida que me llene de nervios y de ansia,
una pasión azul y gris marengo
con la que darle al fuego nuevas llamas.

Imaginar para deformar la realidad

Considerar nuestros errores como camino de conocimiento es una forma positiva de tomarse el asunto de la vida, más si entendemos la vida como la acumulación de lo que queremos creer y no de lo que en realidad es y se patentiza ante nuestros ojos.
La magnitud humana más valiosa es la de imaginar para deformar la realidad [que siempre es cruda] y hacernos con ella de una forma cómoda y poco traumática.
Nacemos, nos despedazamos y morimos para ser un frío esqueleto, he ahí la verdad desnuda, que puede adjetivarse con que sentimos dolor y placer [que no es más que una deformación del dolor]. Llegamos a cumbres para caer de ellas y obtenemos recursos para perderlos.
Lo rechulo de nuestra especie es que tiene el don extraordinario de cambiarle el valor a las cosas y a los sucesos hasta el punto de hacerlos pares a su realidad mediante la ‘creencia’. Creer, a veces, sirve para tener la sensación de vivir mejor, lo que no le quita a la realidad su terrible verdad.

Poesía

Una cosa es el talento [mucho o poco] y otra es la utilización que se haga de él.
El éxito está siempre en la mano de la segunda opción y difícilmente se sostiene en la primera.
Por ende, ha de tenerse consciencia de que al éxito siempre le acompaña cierta turbiedad.
Utilidad y turbiedad, dos conceptos inseparables del éxito que llevan a un buen escritor a sobreestimar su talento y a sobrevalorar su habilidad para vestir las máscaras.
•••
Sólo se puede alcanzar la coherencia en la escritura cuando se ha completado la vida. Ya muerto quien escribió, su obra toma empaste y cobra sentido, nunca antes… Nunca antes.
•••
Un escritor racial nunca puede ser un educado caballero, pues su talento le dicta que los buenos modales solo sirven para obtener buenas respuestas [farsa en ambas direcciones]. La calidad de díscolo va irremediablemente asociada a la de magnífico escritor.
•••
La poesía pertenece siempre a la sociedad en la que crece el poeta, jamás al jodido poeta [siempre seremos testimonio de otros].
•••
La poesía no debe escribirse nunca para agradar, y si se hace con esa intención [ya vamos mal], debe contener otra oculta lectura que ensordezca.
•••
Un poema sí puede escribirse en defensa propia.
•••
Ser amable en la escritura no debe confundirse con doblegarse al otro.
•••
Para un poeta es indispensable tener cierto poso científico y una importante sensación de fracaso.
•••
Un poema debe ser incompleto para ser poema.
•••
Nunca te fíes del placer en la escritura, pues te dispone al autoengaño.
•••
Desvístete despacio frente a un espejo hasta que refleje tu desnudo. Luego, mírate a los ojos… Ahí está el poema.

Me turban tus palabras

Me turban tus palabras como me turbas tú…

y quisiera alcanzarte en el bostezo
con los alfileres de la lengua cuando te ves rendida
y verte vacilar con ese estrépito callado de los árboles
en los días de viento.

Triunfar en ti sin que sea superfluo el laurel de tenerte
y que en el sotobosque de tus piernas crezca un murmullo a fiebre
y una bruma de sangre bombeada.

Oigo las voces ágiles de los que no te piensan
y sonrío por su absurda inconsciencia
de acequia dirigida a no se sabe dónde.
Su murmullo me anima a ser regato o río
desde el silencio inmóvil de verte junco o pájaro.

Me turba que no existas sino en este rocío de pensarte,
que seas en la siesta en la que me fermento,
que estés donde no hay nada,
que te esponjes entre la hoguera de mis canas cuando duermo despierto.

Te hice ya hace años con olor a cocina
en esta frente mía donde el verdín florece,
te hice a gajos,
nublada,
como el perfil del monte que enmarca mis otoños;
te hice llena de signos en tu criptografía
y te puse en los ojos todo lo no mirado.

Me turba que aún seas el descampado donde poder sembrar,
que no estés hecha
y refuljas en mí
mientras perfumo de tabaco la estancia
para verte en el humo crecer desde mi boca
y huir hasta mis cosas.

Este otoño es un pequeño invierno

Este otoño es un pequeño invierno
precoz y vacilante…
y sobre mí descienden los últimos rebaños
desde las tierras altas
con su acopio de hierba
mientras las piñas estallan en la hoguera.

Me siento recogido en mis paredes,
que han sido franqueadas por un aliento dulce y femenino
que me deja dispuesto y esparcido.

Mientras las velas juegan con las sombras,
me recuerdo nadando junto a un cuerpo divino y sin peaje,
tocando la ocarina en el justo perfil de una mañana
o mordiendo el azúcar de una carne latiendo.

Sestean ya los mirtos en los caminos mojados.

Este otoño que enrojece los nudillos sabe mucho de sauces
y de ropa mojada…
y también de los naipes
que se rifan en los vientres sedosos
entre lamentos y suspiros.
Este otoño tiene cadencia de telégrafo
buscando los contornos de cada mediodía entre la niebla.

Este otoño de rumbo extraviado
huele a cuerpo en crepúsculo
y a pespunte en los pantalones detrás de los visillos.

El hombre no se merece...

El hombre no se merece al hombre, pero tampoco al perro…

Lo que dejo de escribir

Últimamente me preocupo mucho por las cosas que dejo de escribir, ese espacio en blanco que no sabe recibir la mancha de la tipografía en el que flota y se sumerge lo más importante, en el que están las sensaciones olvidadas que en un momento fueron luz o sombra y en el que dejo al pairo lo realmente importante de mi relación con las personas y las cosas.
Me resulta insufrible no tener el tiempo suficiente para escribirlo todo, absolutamente todo, como aquel cartógrafo borgiano [¿borgeano?] que realizó un mapa de su país a tamaño natural para no dejarse escapar ningún detalle. Yo quisiera eso, escribir cada sensación, cada flash, cada sentimiento con la justa dimensión con la que se produce, pero sólo atino a relatar el resultado de una milésima de segundo de cada uno de mis días.
¿Dónde va lo que no escribo? Va al apartado de la vida, eso lo tengo claro, pero, ¿qué es la vida si se deja olvidada en el paso anterior? Sí, queda el poso para el correlato de las horas, el poso que acierta algunas veces a convertirse en palabra imperfecta.
No sé dónde reposa lo que dejo de escribir… y me entristece.

Escribir

Escribir es también un acto reflejo o exclusivamente un acto reflejo… y antes está la vida, siempre antes.

¿Existe lo abstracto?

¿Existe lo abstracto? Si entendemos por existencia todo lo que se considera material, debemos decir que lo abstracto no existe más que como vehículo de presentación, es decir, un cuadro, un texto… pero no creo que la existencia se cierre sólo en eso. Idealizar, crear en la mente, elucubrar ya es en sí mismo una forma de existencia… y también es una forma de existencia lo aún no pensado. Existe cualquier mancha posible sobre un lienzo como existe cualquier pensamiento posible independientemente de que aún no hayan tenido efecto.

Ya no hay héroes...

Ya no hay héroes ni irremediables tragedias que nos hagan sentirnos románticos, vivimos en un mundo que se divide en sísifos [con su ridícula tragedia de llevar la piedra a cuestas hasta la eternidad] perfectamente conscientes de que el fracaso personal es el fracaso de toda la humanidad y en sísifos que no saben aún que lo son.
Si vamos a morir irremediablemente, todo puede resumirse en un absurdo lleno de desconsideración hacia los hombres que lo sufrimos: Matas aunque sabes que vas a morir, sojuzgas aunque sabes que vas a morir, te sacrificas auque sabes que vas a morir, te privas de lo deseado aunque sabes que vas a morir… Y de ahí el fracaso como hombre y como parte de la humanidad, que erramos intentado creernos que estamos en un camino de búsqueda mientras que tenemos la absoluta seguridad de que somos fruto de desaparición.
Sinceramente, no entiendo nada… no entiendo cómo no salgo ahora mismo a la calle y le digo a cada uno de los que se crucen conmigo justo lo que pienso, o cómo no mando todo a la mierda [el trabajo, la familia, los lazos, las obligaciones…] y me tiro al barro hedonista hasta que llegue el final o yo me atreva a forzarlo.
El absurdo nos hace ser criaturas pacatas, miedosas, acumuladoras de posesiones sin futuro… y el absurdo es fundamentalmente la moral y sus usos, la ética y sus babas… Yo prefiero una estética, una forma de estar hasta que llegue la sucia muerte, la que nos deja feos y terriblemente reales.
Pero no sé salir, no sé rebelarme, no sé decir.
Es muy triste.

'Enmimismamiento'

¿Está la ética [el otro] por encima del ser [yo… mi esencia]? Yo peco con demasiada frecuencia de ese mal que se llama “ensimismamiento” [¿enmimismamiento?] y tiendo a olvidar con bastante frecuencia que mis sentimientos, mis percepciones, mis pasiones y mis reacciones siempre tienen como principio o/y final al otro, que todo lo que llevo a la categoría de suceso terminará afectándole a otro ser distinto a mí. Es en este punto donde dudo si la ética debe ser fundamento radical de pensamiento y acto o si debo hacer que prime el ser, yo, mi esencia sobre todas las cosas.
Lo mismo el valor que debo tener en cuenta parta de el factor diferenciador que existe entre todos los seres y no de la búsqueda empecinada de una individualidad floreciente.
¿Soy o somos?, ¿quiero ser o quiero que seamos?

El dado

Lanza tu dado y escoge el punto de vista. Nunca verás los mismos números a pesar de que el hecho de su caída es único. Uno de sus números quedará oculto, pues es el que se posa sobre la superficie de apoyo, y ese número lo puedes deducir por justa lógica… o lo puedes imaginar a tu antojo, como quieras, como te venga en gana… Así son los sucesos de la vida, únicos, como el dado lanzado una vez al aire; y así son las percepciones, las valoraciones, que hacemos los hombres, diversas, como los distintos puntos de vista que tomamos para mirar el dado; y así pueden ser el arte, la ciencia o las religiones, como la cara del dado que le sirve de apoyo, la cara oculta.
De esa cara oculta de los sucesos vitales nacen, como he apuntado, el arte, la ciencia y la religión, aunque siempre, por lógica, podamos llegar con exactitud a decir lo que en cada suceso se esconde. Sólo la ciencia contendrá verdad con valor neto, mientras que el arte actuará como una sublimación de la imaginación y la religión como una deformación inducida del misterio.
Y la verdad es, al final, tan sencilla como darle la vuelta al dado y mirar su cara escondida, tan sencillo y simple como eso.

No existe estética sin afectación

No existe estética sin afectación, pues la una se modula en los parámetros de la otra. El problema que se me plantea desde esta pretendida certeza es la diferencia que pueda marcarse entre vulgaridad y originalidad.
Mientras que la afectación es propia, podríamos decir intrínseca, de los seres vulgares [el más vulgar de los hombres siempre acostumbra a vestir máscaras que hacen sus gestos afectados], la originalidad se lleva como forma natural de paso y nunca resulta forzada.
¿Cómo puede responder, entonces, un ser original a una estética? Desde mi punto de vista, el original sólo tiene la capacidad de marcar una estética, que será la forma en la que los seres vulgares encuentren camino abierto a la imitación [afectación].
Desde estas premisas, lo lógico sería trabajar en la búsqueda de lo original para huir del campo de lo vulgar… pero, ¿no supone tal búsqueda una vulgaridad mayor?
Buscar un modelo nunca fue lo mismo que serlo, y ser modelo o canon no es algo que tú decidas o que obtengas por trabajo y elaboración.
Todo llega o no llega independientemente del empeño que se ponga en ello, siendo más afectado quien se empeña en no serlo y resultando original quien ni siquiera se ha planteado serlo.
Participar de una estética por moda es absurdo, integrarse en una estética por motivos de razón práctica es oportunista… pero caer en una estética ya creada sin conocimiento de su previa existencia es frustrante y desolador.
Tal y como está el mundo, nos resulta imposible no ser vulgares [afectados]. La solución puede radicar en saber llevar bien nuestra vulgaridad hasta que por sí misma se convierta en la naturalidad que nos haga, por fin, originales.
A lo que se ve, llevo la mañana espesa, ¿no?

El valor de lo trivial

Dice el sabio Pavese que “la creación nace de la innumerable repetición de un acto, que a fuerza de ‘routine’ se hace molesto. Luego viene un periodo de extravío, de tedio. Entonces, el acto olvidado por su trivialidad, resurge como milagro, como revelación, y he aquí el impulso creador”. El genio de Cesare traía este pensamiento en relación al sentimiento del pasado de los pueblos, pero cambiando el contexto a la literatura, a la poesía, también sirve, y mucho… y además cambia razonablemente el sentido creativo que la crítica y los escritores le aportan a las nuevas presentaciones.
No es tan importante la creación como percibir que es fruto de una repetición agotadora de realidades y sentimientos, y no es tan importante el jodido creador –quizás nada importante– sino que la importancia la suman quienes le procuraron los recursos creativos.
Valorando esto, sabremos que la literatura es más de todos que de quienes la pronuncian, que ser epígono de un buen creador no es tan grave [puede hasta que sea bueno] y que la mejor creación es la que alcanza el valor de trivial.

Me gustan los poemas urgentes

La verdadera poesía pide distancia, que el poeta haya sabido distanciarse de la realidad que la empujó. Cuando esto sucede, el poema se carga de una ironía especial que nunca contiene el de bote pronto. Y es que la poesía más sólida está llena de ironía, porque la distancia valora el tiempo de la herida y lo acerca a un interesante punto de objetividad que no puede contener el poema de vivencia caliente. Sin el dolor latiendo, sin el sentimiento empujando en la cabeza, el poema se desenvuelve mejor, sin el exceso de lo trágico y con el justo láudano de lo que se puede valorar completamente porque ha pasado. Y el dolor no es tanto cuando ya sucedió, ni el amor, ni la euforia, ni la decepción, ni la risa.
… Pero me gustan tanto los poemas urgentes…

Perfilado

Sueño

Pájaro negro

Noche

Mujer

Dios

2008-11-07

Tratado de urbanismo

Hoy estoy perro

Sillas

Miradas

El hombre común

Caligrafía II

Caligrafía

Espirales

Autorretrato

La mujer de mi sueño

La mujer abría su medusa para mí en el sueño de anoche
y eran de musgo húmedo sus rocas lumbares
y del bambú mas tierno sus muslos de venado.

Viéndola destrazada ante mi ardor de huesos
sentí su olor a muerte y a palmera,
y le acepté el combate de rodillas,
y dejé que su sombra soportara la mía,
que acercara su boca hacia los arrozales mientras mi piel temblaba.

La mujer de mi sueño de anoche
fulguraba en el mástil con sus senos pequeños
y enrojecía girándose como un heliotropo en mi justo desnudo.
Su piel se constelaba de lunares y pliegues
semejando un campo de gramíneas meciéndose.
El rojo de sus aguas más profundas era yacija de algas
y de un limo encendido que me hacía voluble y desatado.
Sus cabellos volaban llevados por el látigo del cuerpo
y me tomaba en olas que eran como mareas poderosas.

La mujer de mi sueño de anoche
tenía un rostro conocido que aún no he sabido desatar en mi memoria,
una boca pequeña con la medida exacta,
unos ojos de mirada agresiva [como estaño],
unas caderas amplias [generosas]
y un vientre parecido al horizonte.

Abría su medusa para mí
y me mostraba el centro como una furia dulcísima y melosa.

Cuando iba a penetrarla, abrí los ojos…
Hoy mi mano es mejor que otras semanas.

2008-11-05

Presiento la serpiente

Presiento la serpiente
y el pie pisa el helecho.

Vivir es un gesto, un gasto…
y la muerte es una estética
si no la piensas tigre o precipicio.

Lumbre y anillos,
ratas,
sonrisas familiares de algunos rostros muertos.
La luz como un tambor en las amanecidas.
El mapa de tu cuerpo oxidándose
y los huesos quebrados en un éxtasis.
Balcones,
obsidiana,
membrillos verdes y calientes…

La muchacha de Piura toma el jabón desnuda
y lo lleva a su cuerpo
con esa ceremonia ancestral de las doncellas;
deja caer el agua y siente frío.

Al norte de Edén crecen la prímulas
bajo un mar de palmeras.

Abrir los ojos

Abrir los ojos
y sentir los tendones carcomiendo sus ganas en los huesos,
y notar cómo la mano hormiguea
después de hacer de almohada impenetrable,
y percibir el nítido empujón de la vejiga en el sexo abultado por la noche,
y ver borroso entre los mil avisos que me punzan todo el cuerpo
con su ‘ya vas mayor, viejo elefante’…

y volver a abrir los ojos
y saberme paisaje en el paisaje,
hombre entre los hombres,
abstracción en este mar concreto en el que todo tiene nombre
y ocupa un espacio aleatorio y vivo.

Vivir es ser de nuevo cada día,
hacerse en la mañana y poner orden en todo lo mirado y recibido,
libar labios ajenos,
ser vencido por cualquier contoneo en una esquina
y atinar a decir: ‘soy yo y me quedo’.

Vivir es no pensar mientras recibes el oxígeno justo que precisas
y la mano de aquél que no te pide sino un nítido aval a su existencia…
también es persistir en repetirse en los gestos sabidos
para hacerlos genética esencial para mañana.

Si al ser sientes vacío, busca roces;
si al hacer no precisas en lo neto, dentente algún segundo y mira adentro;
si al moverte no atinas en el gesto, retoma tu camino
y busca huellas que no sean de tus pies ni de tu talla…
y síguelas sin más, que alumbran signos.

Vivir es acertar y equivocarse,
tener y no tener al mismo tiempo,
sentir que en cada ausencia hay un indicio
que es digno de llevarse hasta su límite.

Vivir es ser consciente del abismo y procesarlo en clave de alto vuelo;
vivir es desear,
poner en celo el paso que darás,
decir a voces ‘soy y estoy’,
ir a por pan reciente al mediodía
o hacer una visita a la peluquería de la esquina para que te adecenten el cabello…

Vivir es recordar y hasta olvidarse de lo que fue suceso hace un segundo,
buscar el ánimo o el empujón precisos,
cabalgar algún cuerpo aunque sea soñando,
perpetuarse en todo lo efímero,
mover los párpados para engrasar los ojos,
tocar y sentir que te tocan,
contar tus cicatrices lentamente y darles la razón que necesitan,
herniar algo de tarde con tus manos,
apresar el milagro de lo que eres,
sudar y hacerte sangre,
ser lascivo,
ser ardiente,
ser misterio,
ser pantano,
ser reúma de gestos y lumbre de ceniza,
ser fiebre,
ser rincón,
ser en unas caderas,
ser caimán,
ser gotera y arteria y tendones y carne
y presencia y hangar
y saliva viscosa
y ceguera
y metales
y barro
y pupilas
y muslos…

y ese aire que sale y que entra,
el que quizás estuvo en ti
hace un ratito y se te escapo con la voz.

Ser memoria y no serla es la vida.

Voces

Mujer

Hombre sentado

Me queda solo el cuerpo...

Me queda solo el cuerpo para sentirme vivo,
pero aún no he encontrado instrucciones de uso
que ayuden a apurar lo que aún le resta.

Túrbame como el fósforo que se hace llama,
dale tus aureolas a mi boca para que me alimente,
llévame hasta esa esquina sin luz en la que ser regreso,
rózame con densidad.

Me queda solo el cuerpo para no ser ausencia,
las sonoras zancadas del corazón,
el olor acre de la boca al despertarme,
el tamaño de lo que salta y decae,
el cascabel de hueco donde laten las vísceras…

y también el filón de los otros cuerpos que pasan a mi lado.

No es mucho.

Amanéceme y sal de tu crisálida,
inclínate sobre el espacio que ocupo y bebe mi aire,
encuéntrame y desenvuelve el brote.

Aforismos

Se es más feliz siendo luminoso que siendo lúcido.
•••
Los católicos castigan a los no creyentes con la muerte eterna, es decir, a ser la verdad a secas.
•••
Si me preguntas y no te respondo, ¿creerás que soy Dios?
•••
Creer es esperar algo… no creer es tenerlo.
•••
La seducción de la fe consiste en renegar de la verdad.
•••
Si Dios existiese… ¿para qué los hombres?
•••
Existo porque no conozco.
•••
¿Dios se mosquea cada vez que descubrimos dónde no está?
•••
Existir, en el caso de Dios, es un verbo vacío de razón.
•••
Creer implica también temer.
•••
La idea de Dios es profundamente ingenua, pero qué listos son los que la proyectan.
•••
Para ser católico es preciso contar con un importante espíritu simple.
•••
Sin la angustia de enfermar y morir, la idea de Dios sería otra cosa.
•••
La nada es el verdadero Infierno que hizo buscar al hombre el ideal del Cielo.
•••
Refugiarse en la idea de Dios es menospreciar al hombre.
•••
El orden clarifica justo hasta el caos, que es donde el hombre empieza a divertirse.
•••
Comprobar es el ejercicio del obrero, comprobar cada día que la idea del arquitecto funciona de verdad.
•••
Piensa siempre en contra de lo que te indiquen tus ojos. Avanzarás dos pasos y retrocederás solamente uno.
•••
El mejor verso de un poema siempre es con el que tropiezas sin querer… los demás versos terminas haciéndolos por técnica y uso.
•••
Quien halla… es que tenía un hueco latiendo.
•••
Que mi verso sea en ti lo que tú eres a pesar de que fue en mí lo que yo soy.
•••
La intensidad debe finalizar para ser verdaderamente intensa.
•••
Quien solo cree es que no desea conocer.
•••
Lo mejor de un poema es que nunca llega cuando lo buscas y aparece sin más cuando estás distraído.
•••

2008-11-04

Sentir el abrazo del tigre

Sentir que cada día es como el abrazo del tigre
mientras oigo el rumor de las hojas rozándose en la fiebre de la arboleda
y el viento se hace con todas mis banderas personales
y las desgarra.

Y del primer zarpazo sentir el resplandor
como algo físico que me resume en selva,
una selva de la que salen las doncellas temblando entre las sombras,
como buscando cobijo en mi perfil de sangre y carne y esqueleto.
Y notar el latido que hace añicos los espejos
y ser flor insegura y hembra de mamífero y espíritu de espiga incierta.

Soy cazador desde que mi genética empezó a cocerse con el barro
y los ancianos muertos frente al fuego y,
aunque está algo almidonada mi estatura de cruel depredador,
busco cada mañana las armas más propicias para salir al mundo:
mi piel de sordomudo,
el zurrón de las manos para acariciar los cuerpos quietos de las presas,
el dedo escondido buscando la tensión de los cuchillos,
el cuerpo harto de aceite para engañar al olfato,
los dientes enmascarados de maíz amarillo,
los oídos alertas a la queja callada de los débiles…

Vengo desde una noche larga y pantanosa
y voy hacia otra oscuridad igual
donde los cipreses decrezcan hacia el centro de lo más profundo,
donde los peores espantos sean las glorias de hoy
y las tumbas solo puedan cavarse en las nubes más dramáticas…

Me gusta que todo comparta el secreto
y que giren los heliotropos sea una liturgia
y que el café caliente se levante como un cáliz en los templos malditos de la noche
y que huela a comida como incienso
y que suene el rebuzno como un eco en las tardes
y el mugido acompañe al ocaso más herbívoro…

me gusta que todo sea parte del secreto:
la línea amarilla que va paralela a las aceras,
el camino de la colina y sus signos indescifrables,
el agua rebosando del césped cada madrugada,
el rito de partir el pan con las dos manos,
los pasteles de nata en la vitrina,
el azufre para espantar a los gatos nocturnos,
los espectros de todas las farolas con su luz macilenta y amarilla,
el fregadero con restos recientes de comida,
las roscas de aire con su azucarón blanquísimo,
la tienda de sombreros dispuestos como cráneos,
el anciano premuerto,
la piel seca de un perro en el asfalto,
el olor a vainilla sahumando la sala,
la mosca posada en el mantel,
las dobleces imposibles de tus axilas blancas,
las venas bien marcadas en unas manos fuertes,
el arcángel mirándome igual que una muchacha…

que todo sea el secreto
y juguemos a pídola con las manos posadas en sus nalgas de seda…
o a la gallina ciega
buscando con las manos apresar pechos nuevos
que aún no sepan mecerse sobre el miembro del sátiro.

Sentir que cada día es como el abrazo del tigre
y no saber quién es depredador o víctima
y apretar
y golpear fuerte
y morder con la boca rabiosa su cuello musculoso
hasta rasgar la piel
y enfocar el sabor de lo que está vencido.

Aforismos

Quien concreta, se pierde las otras mil posibilidades.
•••
No me gusta del todo la belleza… porque no admite más.
•••
¿Hay algo mejor que yo mismo?… Sí, todo lo demás.
•••
Cuando mires, no enfoques el objeto… mira solamente cómo se relaciona con su alrededor. Verás mejor.

Reposar los pies...

Reposar los pies sobre un escabel de huesos barnizados
y mirar los suburbios de mí mismo,
y reprobarme con el gesto torcido
porque hice otra vez lo que quisieron otros
y no lo que yo deseaba.

Abrir el estuche de las cuchillas
y sacar la Gillette dorada
para probarme en el abatimiento.

Hacerme larva en el bulbo raquídeo
y jugar con la voluntad propia
y abstenerme del fósforo preciso.
Esconderme de mí bajo una falda plisada de cuadritos.
Dibujar el magnetismo que me afecta
[las mareas, las miradas, la ‘g’ física –9,8–, los astros…].
Sumirme en una sombra femenina
y saber que el eclipse enciende el negro.
Ser proscrito de mi fatalidad
y entenderla como el azar de la supervivencia.
Ser víspera de mi mañana con raro conocimiento.
Entristecerme en grados, como la temperatura.
Seducirme mirándome hacia abajo.
Ingerir mi saliva como una reliquia letárgica
y pensarme pecando.

Espantarme de haber salido ileso hasta ahora.
Sedarme con jadeos recordados.
Serenarme en los flagelos de todas las bacterias que alimento…

Y es que soy el bufón enterrado,
al que nadie pudo desterrar,
al que han hecho silencio las gordas
con afanes políticos y los necios con mando…
el bufón que merienda ironías con pan de molde
y se regodea en la suerte de otros por no tenerla propia…
el bufón marcado por la mancha escarlata
de haber tomado partido demasiadas veces…
el bufón que acompaña al vencedor sin adularle
y que recibe la sonrisa miserable como una daga atravesando el sexo…
el bufón que conoció el amor y perdió la mirada sostenida,
el que se quedó sin cascabeles en las tirillas collares de fieltro

y ya nadie sabe si vengo o voy.

Y me encanta no ser para los que sujetan los títulos de ser,
no ser para los que degluten afanes de estar
en los anales de los hombres,
no ser cuando el amor ni cuando el sexo…

Hoy estoy algo extraño,
y me lo noto aquí,
justo donde mi barba hace costura con el cuello.

Las rayas de mi mano ...

Las rayas de mi mano contienen transeúntes
y mujeres que se recogen el pelo
y lo dejan caer sobre el hombro derecho,
caminos de helechos con el temblor previsto justo entre las pestañas,
un fuego singular hecho de cuerpos
y una frontera imperceptible que separa el ahora del luego.

En su ramaje veo mi presente con franca evidencia,
y también el pasado en algún corte limpio que ha dejado marcas…
pero me resulta imposible leerme el mañana
si no es otra cosa que el cierto manjar
que seré para insectos y otros seres pequeños.

Las miro [a mis manos]
y tienen penumbras trabadas
de todo ese tiempo en que quise encontrar el fulgor.

Su secreto es de lumbre y estaño.
Yo juego a intentar descubrirlo…

transeúntes,
mujeres que se recogen el pelo
y lo dejan caer sobre el hombro derecho…

2008-11-03

MIS MUSAS

A ellas les debo el elevarme a veces
o ser el zumo espeso,
a ellas la recuperación de las tormentas antiguas
con su aparato eléctrico timbrando en mis tendones,
por ellas siento algunos días todas mis nervaduras
y el latido impreciso de mis vísceras…
y con ellas me escondo en los cajones,
me tiendo en el camastro imaginario,
me abrazo en los rincones más oscuros
donde nada sabe su peso…

con ellas cruzo el vestíbulo y penetro en la alcoba,
con ellas siego las espigas del frío
que trae la soledad algunas noches,
con ellas encuentro cada página de carne y la releo…
y me siento suficiente, y las siento suficientes.

Juntos, nos desaparecemos sin quererlo y somos la luz y las serpientes,
jugamos en el aliento del jaguar y en el miedo del capibara,
buscamos la sordidez del mercurio en los días más roncos,
nos lamemos o brillamos a tientas en el pozo del pan y los libros.

El mal de ser mis musas
es que nunca recuerdan el torno que las hizo
o el soplido caliente que desplaza sus sombras,
no recuerdan sus límites
ni pueden apreciar la frontera insegura de mis justos dominios…
se perciben miradas aunque no están seguras…
y en su silencio notan esa presencia mía
de racimos y vaho sin saber precisarla.

De ellas tomo siempre los juncos de mis letras,
de ellas los insectos que liban las fragarias y los versos,
de ellas las palabras cilíndricas que mullen cada frase,
de ellas la fiebre y el amparo más telúrico…
de ellas las hormigas, el salitre, el aceite,
la flauta, el altar, los pájaros de invierno,
las mangas regazadas,
los puertos más seguros,
las lloviznas,
el fanal que me guía,
la silueta del mundo que yo quiero,
el estupor,
la duda…

Y RECORRÍ MIS CORTINAS...

Y recorrí mis cortinas, las que me pongo en los ojos por las noches, y decidí cerrarlas para sentirme sepultado como se sepultan los hombres en la carne precisa de las hembras. Penetré en mi prehistoria sentado en el borde de la silla [que juega a ser el túmulo mejor para mis huesos] y estiré mis tendones buscando el calor húmedo del soportal sin límites. Mi reino es de otro mundo.
Pasó entonces por mi muerte pequeña la preñada mujer que lleva pantalones ajustados de color crema, y la hice ruborizarse con mis ojos mientras pensaba en sus desmayos, e imaginé sus brazos desnudos mientras el pedicuro le limaba las uñas de sus pies de almohada.
Un instante me basta para hacer el amor en la cabeza, un instante magnífico en el que todo es místico y bermejo, en el que hay obsesión inabarcable y un tic-tac en el pulso acelerado.
Pasó luego la mujer de la camisa negra mostrando bajo su botonadura el blanco de nácar de su piel y un sostén deshilachado… ¿qué contendría ese cáliz blondado, qué raíces, qué género de piel, qué blando tacto…? La dejé transmutarse porque advirtió mis ojos y me gusta el asalto sin defensas.
Y de pronto vi al ángel con su pozo de líquenes, con sus dulces medusas ofreciéndose a mí, inmóvil, hincado en el aire de enfrente con sus rodillas pudorosas buscando mi rara trashumancia, mi ser junco y sal, mi sangre haciendo el grumo, mi lengua sin remedio. Su boca transportaba todo el hambre y quería cambiármelo por mi sed.
No accedí sino a ser su pantano o a sudarle su fiebre… y me olvidó.
Ahora soy el alfiler que prende al insecto entre las alas, el idiota tendido que mira sus dominios pensando con desastre que va a perderlos pronto.
Mi cuerpo son las sábanas que me acogen… y mi alivio es el yeso del techo que me cubre.

Y EN LA ALFOMBRA DEL CAMPO...

Y en la alfombra del campo
hacer el engrudo y buscar el contrapeso,
descalzarme
y tomar mis pies entre las manos
para sentirlos inembargables,
y lanzar el boomerang del grito
para que el eco administre y yo especule.

Una mujer tendida sobre este otoño debe ser gloria pura,
una mujer dejada de sí sobre el manto de hojas
siendo la verdad y el pleonasmo,
indiferente a los ojos,
alzada como un panal sobre el mullido,
muro de incontinencia y suelo mismo.

Una mujer sin techo sobre sus senos,
pura y blanda,
ofreciéndose con mechones y muslos a las tres abubillas de los plátanos
con su cuello de oca,
una mujer como sin huesos,
pero con hijos escondidos hechos de balbuceos en sus entrañas rojas.

Serena mirará cómo se gesta el cambio de este otoño de lenguas,
verá que se refugian las hormigas bajo su sombra explícita,
buscando en el calor el almanaque de primaveras próximas.

Trillar a esa mujer es rol de dioses,
porque acabará en humus
y habrá de ser subsuelo bajo el suelo…

SIGO EL SURCO

Es rotundo el otoño si apareces
y casi se hace obsceno si desistes de morder el dátil que te ofrezco.

Esta tumba se me va quedando pequeña,
pues desde ella se divisan las cúspides de miel
y todos los canales que te desinundan…
y la espuma que dejan las barcazas por tus ríos.
Es estrecha, pues no cabemos juntos,
y eso la hace inhumana.

Tendré que ir escarbando galerías y túneles
con mis dientes encogidos
para que brote el lecho
donde el ímpetu sepa profanar la ceniza.

Se niegan los poemas
y busco en la resina la palabra ‘laurel’
para que haga el amor con ‘sicomoro’…
y me miro las manos
[que están en estos días como invernaderos]
como si mordiese un limón verde,
y las hago descender hasta mis piernas
como hojas cayendo
mientras pienso que llueven sobre ti
y te enjoyan filtrándose en el pecho.

Soy un huerto sembrado con añicos de espejo,
una cabeza frágil sin guirnalda posible,
la ráfaga de viento de ayer que levantó una falda,
ese dies irae con sus furias ridículas
que se impulsa a sí mismo sin saber enunciarse.

Sigo el surco…
y los dedos van sembrando de escombros
los bordes del poema.

JINETE

BESO II

CAOS

ALMA

INSOMNE

BT

ESTUDIO EN L

TUMBADA

PERFIL

BESO

femme

2008-11-02

NO DECIDEN LAS HORAS

No deciden las horas,
aunque son cómplices
del tedio y la mirada
que no sabe posarse.

El único testigo
es el que vas dejando
en una mano virgen
para que lo padezca.

No te quedan más días
que los que ya has vivido.

LAS COSAS

Las cosas son el aire
que eliminan
y el espacio que no ocuparán nunca

de su aprecio
resultan las pasiones
que te harán, sin saberlo,
esclavo o mártir.

LA PALABRA MUJER

La palabra mujer
no nombra el cerco
de sal
ni la falta de oxígeno

no nombra el frío
ronco
ni la roca que hiere

no nombra

nada

la palabra,

mujer.

EL HORIZONTE DEL INFINITO

A veces me pregunto
cómo será el horizonte
del infinito

y temo que no exista
un lugar de silencio
para ser mancillado
por unos pies
o un pensamiento firme

Entonces me desdoblo
y discuto conmigo
hasta errar
y distanciarme.

Al cabo me consuelo,
pues lo que no une la razón
lo deja atado el tiempo.

NO MUERAS CONTRA TU VOLUNTAD

No mueras contra tu voluntad,
ni vivas cualquier necesidad
como una estética...
porque serás fracaso.

Lo que vas a pensar
ya está vencido
y tu más terrible enfermedad
es el consentimiento.

Formula un desafío
y déjalo morir,
porque la inspiración nace
de la vanidad y va hacia ella.

SOMBRA

Mira bien a tu sombra
y te acostumbrarás a la muerte.

Ambas comparten los mismos matices.

los ojos

Los ojos nos sujetan a las sombras
e indican el espacio
que vamos a ocupar en un instante...

No tienen vida propia,
pero arman el deseo y su poesía.

déjate seducir

Déjate seducir,
guarda silencio
y busca en tu camino
una sola muerte,

que tu reino
tampoco es de otro mundo.

LOS NÚMEROS

Los números
son una hermosa retórica
para la sumisión.

Toléralos con cierta dosis de olvido.

Camina y siente,
pues la ignorancia
del que no espera amor
no puede evitar
que el amor suceda.

ESCRIBIR ES VULGAR

[Mira el silencio de las fotografías,
es tan parecido al silencio de los muertos.]


La física es tu entorno
y la química el resto de un orden que no entiendes.

Siente amor
y obtendrás los resortes
que tocan a la alquimia.

Busca dolor
y un espanto de hormonas
te dará el resultado.

Teme
y hallarás completada
tu formación como hombre...

Escribir es vulgar.

¿Por qué no piensas?

UN IMPERIO PARA NADA

El idioma –decía–
tiene graves consecuencias
en tu forma de ser imbécil.

Y yo hablaba un francés
de medio pelo
para esconder mi mal
y su miseria.

Aprendí a construir
entre un miedo feroz
y eternos silencios
una suerte de imperio
para nada.

LA MEMORIA ES UN VASTO REFLEJO

La memoria es un vasto reflejo,
unas gafas
y un resto de ese olor a calamina quemada
que sirvió en otro tiempo
para armar el futuro.

Entonces
cada virtud alimentaba un defecto
y cada herida
una daga con la que sanar.

La libertad de todos
se supo concretar
en la dura prisión de cada uno.

EL TRISTE RECURSO DEL VENCIDO

Destruye lo que eres
y añora lo que fuiste...

y no busques consuelo,
que consolarse
es el triste recurso del vencido.

RETRATO FALLIDO

PÍDOLA

DE MÍ

EXPERIMENTO

LASC

CUERPO

ANATOMÍA

ST

MUJER TUMBADA

MUJER DE ESPALDAS

RECREAR A LA MUSA [II]

Restituir la arena de tus costas
requiere la sordidez del corcho
que flota sobre las marejadas
e insinúa un futuro de árboles
y cierta agilidad de prados verdes.

Tomarte así es una fiebre, porque te ves velada,
y el cortejo de hacerte en cada curva
es casi como crear el mundo amparado en el fermento de la siesta.

Me gusta repetirte con el rumor de tus frutos caídos,
con el primor del huerto y el azar de la hoguera…
repetirte la nuca amortiguando el cuerpo,
repetirte los hombros recortando demoras,
repetirte esas hondas axilas refulgentes de fugas,
repetirte los pechos como discretas médulas
y el frutal agasajo de los pezones ciertos,
repetirte de caquis el vientre o de plátanos verdes,
repetirte la orilla del pubis como un balcón con hiedra,
repetirte el teatro del sexo con su olor a disparo y su blando proscenio,
repetirte las nalgas como un aquelarre de asombro,
repetirte los muslos apretando los dedos con la lógica de las columnas,
repetirte los pies como un humo de alfiles,
repetirte la boca,
repetirte los ojos,
repetirte el cabello con sabor de ventana…

y luego encender el incienso…
y soplarlo…
y soplarte…
y poner mi bandera.

Y al hacerte de nuevo, idear el paisaje,
los caminos, el páramo, el cielo…
y pintarte unas nubes de grama
y una lluvia de hilos de fresno
y un gentío de Brueghel al fondo
y una isla con barcos y eneldos…

y una luz cenital que, apagada,
sume piel sobre piel,
ponga sexo en el sexo,
guarde el mar de salivas…

y un cerezo.

SOY HOMBRE

Soy hombre y dejo un rastro de carne hecha,
un aliento acre
y el polen impreciso que brota desde el fuego.

Soy hombre porque aprendí a apretar la mano
y sé que hay un omóplato haciendo orografía de mi espalda.

Soy hombre porque aprendí a decir adiós
para volver al círculo con un leve zarpazo,
porque superé un luto y me sentí vencido una noche de sombras.

Soy hombre porque contengo el miedo
y lo doy
y lo tomo
para estar dividido.

Soy hombre porque fui un joven tallo
y una mañana fría me desperté del sueño.

Ahora, con el tiempo colgado de mis hombros,
apenas soy capaz de sentir la certeza
de que he estado en el mundo.

YO

REPTASÍLABO

PENTASILÁBICA

LOS PALOS DEL DIÁBOLO

LOS PALOS DEL DIÁBOLO
[a Mariángeles]

Todo lo que nos une nos separa,
pero a mí no me importa, porque sé
que el agua tiene ciclos
y siempre vuelve al mar
y se hace olas
que son como tus ojos
y tu risa.

Tan sólo he de esperar
a que la lluvia
te me devuelva a gotas
un invierno.

Entonces tú sabrás que somos uno
y es inútil luchar
contra este vínculo
que es amor simplemente.

Amor eterno.

LA QUEMA DEL INVIERNO

LA QUEMA DEL INVIERNO
[a mi padre]

No fueron los azares,
sí la menta,
sí el mantel,
sí la resta de música en la boca.

No fue arder,
fue abrasarse de frío en los inviernos
entre aquel no poder
que aún nos corona
y este permanecer hecho de abrazos.

De entonces queda el padre siendo norte
para lo malo y bueno que viniese,
con su punto de sombra en las pupilas
para prestarnos vuelo y estatura.
Si sufrió, no se sabrá jamás,
pues fue sonrisa hasta en la decepción
y hasta en las lágrimas;
también fue la moral bien entendida,
el muro hasta las manos que flaqueaban,
el horario más laxo
y el dinero en domingos eternos y festivos.

Si el mundo naufragaba, él buscaba una isla a la que atarnos;
si la lluvia, era los soportales o el paraguas;
si el calor, la camisa regazada y una sombra de parra bien tupida;
si la muerte, siempre un abrazo fuerte y un «sigamos...».

Siendo ejemplo de amor, quemo un invierno
todas sus posesiones para darnos
este calor precioso que nos lleva
hacia donde queramos ir.

Ser padre y basta.

CON LA FE A CUESTA

CON LA FE A CUESTAS
(Remake de Who is me)

Yo también soy uno
que nació en el 57
y parezco más joven
que algunos tipos de mi generación
que se dedicaron a la banca
o a la ingeniería técnica
(desgraciados con familia y buen sueldo).
No puedo contar huidas
ni diásporas
porque siempre me fue relativamente bien
y las guerras me quedaban tan lejos
que sólo me sirvieron para ir de pacifista moderado
y fumar en comuna marihuana o tabaco
antes de ir a cenar junto a mis padres.
La poesía llegó como las lluvias de abril
y me ha mojado tanto
que, aunque escampe, sigue lloviendo adentro.

En fin, dejemos las mariconadas
y vayamos a ese yo
que desea quitarse la máscara
porque está harto de sacar pecho
delante de la gente...

Bien pudiera haber escrito del verde monte
y de la nieve eterna, del río y su aventura
entre batanes, de la piedra y el castaño generoso.
Haber sido la flor natural de mi tierra,
el poeta amado que ensalza las colinas
y las torres... pero no,
escribí de la muerte, de la gente al desnudo,
del sentimiento trágico de esta vida cómoda
que no sabe colmar porque no puede.
Y aún me pregunto por qué escribo,
mientras mi mente vuela a aquellos días de brasero y natillas
con mi abuela endiablada por la música militar
de los asesinos en la radio,
los que mataron al abuelo Felipe a sangre y fuego
en el lugar de Los Santos.
La voz de mi abuela por las noches
era una saeta civil y profana
que se convertía en grito interior.
Todas las putas madres de los asesinos
y todos los asesinos, y mi abuela,
Antonia Corral Martín,
me obligaron a escribir, me obligan.
Y quiero que se entienda a la perfección lo que quiero decir
y por ello no lo digo poéticamente.

Sin aquella fe que tantos llevaron a cuestas
fui el tres,
lo imposible,
el desertor...
Fui el desastre de mi casa
porque defraudé a mis padres
aunque jamás lo hayan reconocido
en público ni en privado.
En fín, que desperdicié el tiempo
y eso no se perdona
o no se perdonaba hasta que decidí gritar
«¡Que os zurzan!».

¡Ja, ja, ja!
Torcer el gesto y mirar a los ojos de los otros con cierta superioridad
para que te ensalcen los cuatro imbéciles que te rodean.
Ser porque nadie sabe lo que escribes,
pero notar el respeto de su necedad.
¡Qué mundo!:
Obreros de derechas babeando ante sus jefes,
comunistas de misa y braguetazo,
ratas muertas de fe y de miedo porque se acaba el tiempo
y no quieren entender que todo es al final despojo y puerta.
¡Infelices!
En todo caso, la realidad, la dura realidad,
es que no llego a fin de mes jamás
y las deudas me comen pero no importa,
y este oficio tan mío de decir
el justo hueco que cada uno ocupa
no tiene un buen futuro en lo económico.
Contar cómo se prostituyen los políticos
y cómo engordan sus monederos
mientras se ponen dignos para hundirte.
¡Hijos de la gran puta!, ¡ladrones!
¡Fieras que destrozáis cada una de vuestras piezas
para no compartirlas!
¡Hienas!
Cómo me gustaría veros arder de vergüenza ante la gente.
Y el trágala de escritorzuelos haciendo un zoco
de la Literatura.
¡Advenedizos!, ¡roncos imitadores de otros escritores mediocres
que lamen cualquier culo por aparecer en letra impresa!
Cómo os gusta medrar presidiendo jurados
o pregonando fiestas; os infláis como putas
ante los que jamás leyeron ni leerán una palabra vuestra.
Escritores de mi generación. ¡Ja, ja, ja!
Rebeldes hacia afuera, vestidos de malditos,
intentado vender prisión, mono y miseria
no hacéis más que el ridículo,
pues ni el vómito anida en vuestros versos.
Soledad, y no conciencia,
mucha vergüenza y tiempo de silencio,
mucho tiempo de silencio,
todo el tiempo quizás.
Pero no, persistís, ¡po-e-tas-en-re-sis-ten-cia! (?).

También recuerdo ahora las tristezas
y el miedo que me hizo llorar a gritos
una tardenoche de elecciones municipales
en la que mi hijo miraba aterrado su dedito meñique colgando
por una de sus falanges
y querer que ese dolor fuera mío,
que esa sangre fuera mi sangre...
aunque mi miedo era más profundo
que el terror del niño;
tanto, que aún lo llevo a flor de piel, en los ojos, en la punta de la lengua.
¡Qué poco bagaje de dolor para un poeta!:
un hijo herido de levedad por una puerta.
No os equivoquéis,
que el dolor verdadero vive en la posibilidad
y el peor miedo también.

El monto cultural, los libros leídos,
el tiempo ganado al tedio
o perdido con decencia
ante la puesta en valor del jodido dinero
significándose en una tarde sin tabaco
por no tener dos miserables euros,
aunque sí una cama donde caerme muerto
de tristeza por la miseria,
atenuada por unos versos de Montale o de Brodsky,
por una carta de Abraham o una canción de Caetano.
El jodido dinero hiriendo, envenenando,
haciéndome sufrir o escribir de pura rabia.
¿Me queda la palabra?
¡Joder!
Me queda la palabra
para evocar el corral de mi niñez
con la parra dando su sombra de uvas
y la lujuria de una mujer peinándose en una ventana interior.
Era mi madre aquella mujer deliciosa
de tez de manzana y risas,
la misma que ahora se me aparece en el espejo
siendo mis canas y las bolsas de mis ojos,
siendo la mirada frutal que asalta la general tristeza de mis gestos.
Mi madre. Centro y nada a la vez.
Mi madre.

¿Y la libertad?,
si su ausencia siempre fue motor de creadores
y puso en mil cabezas el laurel de la gloria,
el heroísmo,
y hasta el martirio
que tanto viste en una vida
si se logra salir
o tanto adorna en una muerte.
¿Acaso no es su voz la que nos mueve?
Pero, ¿quién es libre?, ¿quién puede ser libre?
¡Qué suerte poder crear entre la represión
o en una guerra
o en un gueto
o en una cárcel!
¡Qué suerte la del oprimido que levanta la voz
ante una masa y la agita hasta explotar
o hasta la sangre propia!
Sólo se puede ser donde te niegan.
La toleracia y la paz alimentan mediocres
poetas tranquilos.
¡Qué suerte ser parte de un dolor colectivo
y sacar la cabeza, sin más,
para gritar un verso!

Llueve adentro y estoy cansado,
pero no de vivir,
que el suicida se pierde la posibilidad
y el gesto de dolor
que alumbra esa paz que es la calma,
porque somos colinas y valles,
simas y altas montañas
y la muerte no es descanso,
es sólo muerte.

ESTAR

ESTAR

Suspendido como la araña en lo invisible,
con la trampa inestable del anillo de arena
o el extensísimo trago de las tardes puestos como a orear,
pero atentos al tacto de la presa.

Sacaré del follaje las piezas con ladridos,
señalaré su exacta posición
y haré llaga en la marca,
porque hay un celo lascivo de cazador
en cada día
y las mandíbulas merman o son fauces.

Vivo en el cráter de los dientes de leche
y estoy como perdido
desde que fui destetado por mi madre.

DESESTAR

Ya soy pez que se agita en la arena
esperando el hedor del propio cuerpo,
pero quise ser colchón una vez,
un colchón sobre el que dos cuerpos se amasen
y robarles el semen para hacerme raíces
y crecer hacia el techo como un sepulcro de humo.

Techos de cielo raso
que tenéis la mirada cenital
y veis a los amantes deshacerse
en la cal viva de las sábanas…
decidme que hay un cauce subterráneo
donde lamer los muslos de la diosa,
donde abrir las ventanas de su sexo
sea labor diaria y no contenga espinas.

Me voy a penetrar las alcobas
pues siento una necesidad impostergable.

DESERTAR

Dejar el arma flaccida
reposando en la mano,
mirarla sin desprecio
y buscarle el escondite entre las ingles.

No has de mirar atrás
mientras huyes de la guerra cremosa
donde fuiste vencido,
no debes recordar los pechos blandos
ni el latido del vientre mientras corres,
ni la vulva lubricada y abierta como un ojal de abrigo.

Tu máxima esta noche
es ser superviviente.


DESPERTAR

No estaba junto a mi aliento sulfuroso,
ni en el pináculo
donde quedó
cuando caí en el sueño;
no estaba en la cocina ni en el baño.
Tampoco estaba en el rellano de la escalera
ni en el portal…
ni en la panadería,
ni en el parque cercano.

Me descubrí desnudo
llorando entre la gente.

RESTAR

Me seduce morir,
y quisiera afeitarme todo el cuerpo un día antes
y aburrirme mirándolo
en la sala de espejos…

me seduce morir en vilo…
y luego dejar que trajinen las viejas
sobre mi mortaja.

Me seduce morir
porque sé que la muerte
contestará taxativamente
a todas mis preguntas.

TÓCAME

Tócame y notarás el frío,
pero no temas,
que jamás me harás daño.

Solo sentirás el latido del hombre
que he trabado en mí durante este tiempo
en el que no me hizo falta un tronco al que asirme
hasta tocar la costa
[presiento que a partir de ahora seré el náufrago].

Tócame
y sabrás que no estás tocándome,
que tocas a los días en los que fui orgulloso
y me creí salvado…
notarás el murmullo del angosto pasillo
que lleva hasta donde yazco,
desnudo,
en posición fetal.

Sabrás entonces que no podrás impedir que yo suceda
fuera de mí
y que sobreviva en mi escondite
hasta que el cuchillo haga la marca sobre el alambre
y todo sea la nada que ya ha sido.

También puedes tocarme para saber mi piel sedimentaria
y sus plegadas fallas,
tocarme la cutícula y los caídos bosques
que decoran sin gracia mis abismadas frondas,
tocarme las pestañas
y las papilas quemadas por el tabaco y la sopa caliente,
tocarme el interdedo y la cruel queratina de las uñas,
el miembro hasta la crema amarga
y el laberinto infecto del escroto;
tocarme el cabello
suave y caedizo
como si fueras a la lluvia,
tocarme las corvas y los muslos
como a un caballo viejo,
el lomo como al perro rendido,
el rosario que me muele la espalda,
el pecho de sabana o tundra,
los pies deshechos…

pero apenas tendrás de mí
una imagen que no se corresponde con mi coreografía.

Tócame con angustia científica,
buscando en los estratos los besos que no he dado
y el deseo que murió en los lavabos…

indaga en la pasión callada y,
al tocarme,
búscate en ella como una caridad
o dos monedas.

Tócame…
y notarás frío.

COMERTE CON LOS OJOS

Comerte con los ojos porque me están saliendo los dientes de leche y aún no son cuchillos, pero son incisivos y alumbran el marfil del proboscídeo que voy a ser en poco tiempo, ese proyecto anfibio que abre sendas y no sabe cerrarlas, que pasta en los paisajes de la carne siendo herbívoro y amo de su huella.
Comerte con los ojos porque hay hambre y los pastos escasean por la falta de lluvias, porque hay necesidad y aún me resta energía en estos músculos ciegos que son como pistones o murciélagos.
Comerte con los ojos porque hay un no sé qué de acantilado justo entre las pestañas, y también hay almendras y tarde y noche y senos.
Comerte con los ojos porque hay que morir solo y una nostalgia verde se hace trama en las uñas como un viento.
Comerte con los ojos y ser delirio o calma, esqueleto o razones, muérdago o contrapunto.
Comerte con los ojos y sentirme capaz de la próxima caza, y colgar en las perchas las piezas que se cobren mis fauces como una voz o un lirio, y esperar apostado a que las trampas salten y comience el banquete.
Comerte con los ojos y dibujar el plano de tu coreografía, y escarbar y engañarme con cierto ardid eterno sobre la hierba fresca, y verte de perfil con el filtro ultramar, y cruzarte los brazos como si fueran humo, y fingirte en la arena con trazos impecables.
Comerte con los ojos porque debo asombrarme antes de merecerte… y cribarme la voz y espantar a los pulpos que duermen en el pozo, y limpiarme de muertos, y hacer eucaristía pagana del reflejo.
Comerte con los ojos porque persistes en enfrentarte a ellos, como recién nacida para ser comulgada por mi iris hambriento.
Comerte con los ojos y buscar que me ignores para saberte cierta, y mirarte yaciendo con un candor de hormigas, y sentir tu doblez como un impedimento de jabón y de agujas.
Comerte con los ojos dejando que el instinto tome caudal abajo para tornarse ayuno, que el sabor del milagro me hinque de rodillas entre tus dos pezones… y humillarme sea dulce, y llagarme sea insomnio, y tenerte sea impúdico.
Comerte con los ojos, y luego con las manos, y luego con la boca cansada de vigilias.
Comerte en mil posturas, con raíces y almenas, con la garganta espesa y reincidente, con la piel abismada como en un exterminio.

Comerte… ensalivarte… masticarte… y roer tu columna vertebral hasta que sea la mía.

SI ME VIERAS...

Si me vieras caminando tranquilamente
y en mi cara presintieras armonía,
ten por seguro que me siento bien,
que sigo luchando por dentro
y que no me he rendido aún.
Sabrás entonces que todavía puedo hacer promesas
y que pienso cumplir cada una de ellas
hasta que no pueda más.

Si me vieras caminando tranquilo,
apuesta que he salido a comerme el mundo
a pesar de los imponderables de los hombres
y que pienso lograr todo lo que me proponga.

Si me vieras detenido en un cruce,
no dudes de que seguiré adelante
justo por donde me indique mi intuición,
y que llegaré a otro cruce, y a otro…

Si dudas de mí, te estás equivocando, amigo.

Gastaré la suela de mis zapatos
y sangrarán mis pies,
me quedaré sin saliva,
me sentiré agotado…
pero siempre seguiré mi camino.

NO HAY NADA Y NADA ESPERO

Yo, que nunca supe de un trabajo fijo
y caí ante las voces más anodinas de mi tiempo
porque el éxito es cosa de otro tipo de hombres,
que doy la espalda y cierrro los ojos
para negar lo evidente,
que he sentido las risas un segundo después
y los más engolados profesores
de Lengua y Geografía e Historia se han mofado de mí en público,
que me he sentido tirado en el medio de la acera
por alguien a quien quería
y no sé llevar mi casa, ni a mis hijos, ni a mis padres;
que no tengo quién me entienda
mientras veo a tipos mucho peores que yo
alzarse con las glorias mundanas del dinero y las fincas,
que me siento miserable y no soporto
los consejos diarios que me ofrecen,
que contemporizo por no llegar a la ira [porque cansa],
que siento cómo mis versos
suenan en las voces de otros
y que lo hacen mejor, aunque sean usurpados;
que no se rebelarme, aunque por dentro estallo de ira
y no he ido a guerra alguna que no fuera ganada de antemano,
que milité para ser y nunca para hacer,
que vomito mi historia y nadie escucha,
que no aprendí a llorar cuando lo precisaba
y me quedé en silencio,
que soy el objetivo de todas las ruinas
morales y económicas,
que jamás creí en Dios ni pienso hacerlo,
que no sé si soy yo y me quedo tan quieto
como un árbol tocado por un rayo,
que quiero tener cosas y mirar a la gente
con ese falso orgullo de los nuevos demócratas,
que no quiero salir de esta ansiedad
porque temo al futuro y creo en el destino,
que no llevo reloj ni anillo alguno
que me señale célibe o ligado,
que no me pongo trajes
ni ya me recozco en el espejo del armario,
que me sé falso y sigo,
que estoy tan sometido y me amordazo solo…

alzaré mi cabeza y os miraré a los ojos
y no soportaréis mi verde de veneno
porque ya he comprendido
que nada importa
y es la hora veros
tan ahogados y míseros
como un solo segundo de mi vida de imbécil.

Yo, que nunca seré nada,
quizás os ponga al día
de todo lo que duele
porque bajé al pantano
y vi que todo es cieno
aunque su nombre fuera
nenúfar o gladiolo
algún día de triunfo.

Cuidaos de este viejo que agotado os mira
porque guardo puñales y espero en cada esquina
el momento frutal de pellizcaros duro.

No hay nada y nada espero.

UN DÍA, SIN MÁS....

Un día, sin más, escribiré con caricias,
porque no habrá palabras
o estaré harto de ellas…

[escribir con puñales no me apetece tanto,
pues de las armas blancas
crecen los versos muertos]

Escribiré con cáscaras de nuez
o con élitros de coleópteros,
y lo haré como volviendo a lo doméstico,
sin ser irracional, pero ardiendo lascivo.

Un día, pronto, escribiré con manzanas reinetas
sobre el peso de las piedras
y la hermosa textura de tus muslos
apretando los míos…

y no habrá ya rabia,
solo estremecimiento y temblor.

Todo será porque sabré mis límites
y estarán bien marcados en un mapa
con la sangre de ayer y el aire necesario de mañana.

Un día, sin siquiera pensarlo,
empezaré a escribir con saliva batida
en una lengua ajena,
y mis versos ya no serán las sístoles
de un corazón mecánico…
serán aliento, alquimia, bocanadas.

AQUÍ VIENE LA GENTE DE GRIS

AQUÍ VIENE LA GENTE DE GRIS
[Respuesta a Antonio Orihuela]

Como el tiempo, pasaron las victorias y los héroes,
y jamás fuimos parte de sus desfiles ni de sus condecoraciones,
pues un poeta a destiempo no es para los laureles ni las galas.

La charada empezó, quizás, como una rebelión menor contra la vida,
y se fue consumando sin promesas en el justo estatismo de los árboles,
y tuvo longitud, que no estatura, para aguantar lo vientos
de todo lo que estaba establecido.

Éramos los vencidos manoteando en el charco de la poesía hecha,
los muchachos terribles que arrancan la sonrisa de los que tienen todo,
la escoria soportable para darle contraste a sus relamidos madrigales
y a sus pomposas elegías a los muertos egregios.
Se olvidaron de que veníamos del barro y teníamos muy poco que perder,
que no nos importaba su culto hacia la forma, aunque la conocíamos,
que encontrábamos aire a bocanadas
donde ellos eran solo el pescado recién sacado de la red.

La charada fue llegarles a herir mientras pensaban
que no teníamos armas contra su absurda gloria,
y mezclarnos con ellos en los papeles tiznados
sin buscarlo…
y hasta merecer su asquerosa cosideración
y su escuálido abrazo.

Vivimos, y eso les hace resta, les escuece,
les inflama el forúnculo sobre el sillón de piel…
vivimos y lo saben, como saben también –aunque lo niegan–
que nuestra voz está hecha con sus mismas palabras
y tiene dirección, y acumula nuestra verdad y sus razones…
con otro resultado más intenso y vivido.

No somos oportunos ni correctos, no lo necesitamos;
no esperamos porque jamás nos dieron…
Tomamos lo que es nuestro e intentamos hacerlo dignidad
o fracaso.

King Crimson pone banda sonora a este road movie
Mientras nosotros le añadimos el paso,
la huella,
el polvo…
y las jodidas ganas de no morir
sin haber dicho todo lo que debemos decir.

APUNTE

Cielo raso con una luz difusa
que mira, cenital, cómo palpito
siendo par mediodía y breve tumba
que me ve comenzar cada minuto.

Acostumbrarme a ti me pone un luto
que en su negro satén me desalumbra
mientras que en mi cabeza yo repito
la danza de tus pechos en la blusa.

DEBO CALLAR AHORA

Debo callar y emigrar a climas más propicios,
a tierras en las que el sol apenas asome entre las nubes
y el hacer sea un gusto que no puedan sentir ni los cercanos.
Debo irme de aquí y dejar lo que tengo
para que otros lo peleen y lo traguen con ganas,
porque a mí ya no me gusta estar así,
ni aquí.
Debo marcharme solo,
desprendido de cada una de las cosas
y de cada una de las personas que se aferran a mí
con sus anzuelos.
Debo huir de las caras conocidas
y buscar abedules entre la lluvia fría
porque nada es aquí ya suficiente.

Buscar un vientre nuevo
donde verter el zumo y acostar la cabeza,
unos brazos distintos que sepan recibir,
unos muslos que aprieten
y un no saber quién soy.

He de irme sin nada,
incluso sin memoria.
Desnudo, igual que llegué aquí,
siguiendo los azares de las aves que migran,
siendo una más de ellas
al sopesar lo incierto, al gozarlo,
al temerlo.

Hay un resto en mi carne
pertrechado de pájaros
con su método a punto,
con su norte dispuesto,
con su prisa pendiente,
con su ardor por partir.

No te vengas, no quiero,
aunque yo te lo pida…

Quizás regrese un día…

Quizás no.

LA LIBERTAD DE TODOS

La memoria es un vasto reflejo,
unas gafas
y un resto de ese olor a calamina quemada
que sirvió en otro tiempo
para armar el futuro.

Entonces
cada virtud alimentaba un defecto
y cada herida
una daga con la que sanar.

La libertad de todos
se supo concretar
en la dura prisión de cada uno.

LETRILLA

Mi silla es el ataúd,
mi cuerpo el muerto…
tus ojos son el sueño
cuando despierto.

Cuánta tristeza…
saber que en otros brazos
te desperezas.

APOSTASÍA

Levanta tu hostia, gran mercenario blanco,
alto entre los hermosos de tocados y tíaras,
y muéstrala, indecente, a la turba que cuece
patatas podridas en la olla nocturna,
a la que busca el calor en otro cuerpo
porque no hay mantas suficientes.

Levanta tu hostia, como un mago antiguo,
de espaldas, para no ver lo que haces,
y en tu ballet de manos dibuja cabriolas ridículas
que siembren la vergüenza del semen
que se vacía jugoso en unas nalgas prietas.

Haz tu ballet y levanta tu hostia con la casulla nueva
ocultándote el cuerpo inserenísimo y deforme
para tapar la boca sacrílega de Lesbos
secando la humedad limosa de los clítoris
que se frotan con ansia.

Levanta tu hostia sin que pueda caerse
de tu santa sotana el monedero repujado
que acumula limosnas y caridades,
óbolos y herencias de fieles muertos.

Las muchedumbres mansas comen manzanas verdes
como si fueran pasto. Caminan al unísono
como un banco de peces y acomodan sus miedos
en una voz común que es como un grito ahogado.

Levanta tu hostia, perro blanco de octubre,
y enséñasela al héroe que arrodillado mira al suelo
para que busque la dignidad en los harapos
y se humille ante la cruz que portas;
muéstrala como hiriendo a las fulanas
que han batido su récord un día de guardar
para dar de comer a sus criaturas
y que la trague la garganta agotada
del anciano miedoso que purga sus pecados
con el terror insoportable que propicias.

Levanta tu hostia con altivez, poderoso rocín blanco,
y que tu voz de hembra pronuncie el latinajo
que limpia y que somete.
Levantalá como el puñal o el hacha del verdugo,
y asesta un golpe más en la moral del hombre
que no ha comido hoy ni comerá mañana.

Y desfila después entre los elegidos
ungiendo con tu gracia sus nucas afeitadas,
calzando en sus cabezas el laurel bendecido
o la mortal ceniza…
que el trigo es de otras manos, y el carbón,
y el arroz, y el pan reciente…

Levanta tu hostia, áspid de los brocados,
para que llueva con escasez
y el pobre fíe en ti el agua y la cosecha…

Que a ti te espera el mármol, rey entre los castrati,
y al mundo la miseria de sostener tu trono
y besar tus estampas.

DÍGASEME

Dígaseme al oído y en francés
o con el roce leve de unos labios
o con la mano presta en gestos sabios
o con el peso justo en mi altivez…

Pondráseme rubor en la mi tez
y nervio en el gañán de los agravios
y ansiedad calentita en los diarios
compañones que esconden mi vejez.

Y todo por ser carne presa y prosa
que juega a retorcerse sin maldad
con otra carne par, quizás más rosa,

quizás más delicada y glamourosa
que la que pone en leve vanidad
a un verso que nació para otra cosa.

SIN QUE ME VEAS, MIRO TU CINTURA

Sin que me veas, miro tu cintura,
que en inversos paréntesis me ciega
con esa voluntad del estratega
que predice la mano en la moldura.

Y es que adoro de ti ese clandestino
dibujar sin saber, ante mis ojos,
un universo lúbrico en manojos
de calientes perfiles. Mi camino

se hace entonces deseo desatado
que en el matraz del cuerpo mezcla y ata
una alquimia limosa, espesa, clara

que me hace percibirte con la rara
pasión de fiel voyeur que se remata
en un acabar siempre desnatado.

Sentirte sin que sepas no es pecado.

ME DAIS MIEDO, MUJERES…

Me dais miedo, mujeres, ya mayores,
que tan solo supisteis en la vida
ser jóvenes y bellas, divertida
pasión de los varones predadores.

Vuestro mejor valor fue ser crueles
con tipos como yo, siempre apocados
por la mala fortuna que los hados
nos dejaron por multa y aranceles.

Me dais un miedo atroz, porque al gastaros,
llegada a su final la impar belleza,
os queda solo aquella crueldad

como una mueca horrenda, y el amaros
–lo digo sin reparo y con tristeza–
resulta un ejercicio de ansiedad.

NO ES MÁS TENER QUE AMAR

No es más tener que amar, mirar que verse,
arder que ser fulgor en un invierno
o ser ángel de un cielo del averno
en este manantial del deshacerse.

Nunca podrá ser más este dolerse
que el reírse de sí cuando se abrasa
de enfermedad el cuerpo entre la gasa
y la vida no es más que revolverse.

Masticar la gragea que te toca,
la que te tuerce el gesto por el asco,
puede ser la mejor incertidumbre

para entender que tú, que fuiste lumbre,
y que ahora eres tizón, vacío el frasco,
habrás de ser cenizas, cieno… roca.

Ser no es más que haber sido.
Punto en boca.

LOS VERDES AÑOS

Los verdes años miran
con ojos verdes muertos
y no todo fue daño,
no todo ardió en suspiros.

El hombre se levanta
y prueba la mañana
igual que un vino viejo:
la huele, la degusta,
la escupe…
y en la boca
le queda la promesa
de un fulgor
que no tiene
ya tensión en sus músculos.

LA CALIDAD DE LA DIOSA

Su cuerpo es molibdeno
que se adoba en perfume de isótopos
y en su mitología hecha en hexámetros
se anuda la expresión más sagrada que conozco.

Mi paganismo a ella se lo debo,
también la prominencia de mi espíritu
y este peyorar a otras mujeres
que me hace ser un monje
que ora hasta sus sedas, invocándola.

Su posibilidad es lo que adoro
–es lo que la separa de otros dioses–,
su verdad es netamente urbana
y su expresión comprende toda lógica.

La diferencia exacta con el resto
de dioses inventados por la gente
es que puedes tocarla, puedes verla
y hasta abrirle una herida en el costado.

La fuerza de la fe con que me ata
es saber que envejece,
igual que yo,
y que un día expirará
para ser esa ecléptica neblina
que quede en la memoria
de quienes la supimos
esbelta y luminosa,
inalcanzable.

QUIEN LA HAYA VISTO MOVERSE...

Quien la haya visto moverse
como yo la he visto,
sabe cómo es la luz
cuando araña la noche.

Quien la escuchase hablar,
sabrá entender
cómo crece el carmín
en las mejillas
y la sangre pretensa
los mástiles del cuerpo.

Quien la viese mirar,
notará con certeza
cómo hay algo
que se clava con saña,
dulcemente,
en el centro de todo.

Quien sepa de su saliva
como yo la presiento,
entrará en la locura,
transitará por ella
y estallará algún día
de una soledad húmeda,
divina,
impenetrable.

ESCRIBIR

Escribir para ese intento
de interrumpir el proceso
de la muerte

o para terminar con decencia
un día de todos los demonios

como éste.

POEMA DE AMOR DESQUICIADO...

POEMA DE AMOR DESQUICIADO PARA MARIÁNGELES

Tenerte es simplemente
considerar la idea de que me faltes
y ponerme a llorar
como un vencido
sobre las fotos viejas
en las que éramos uno
compartiendo la piel y el esqueleto,
la mirada y los gestos,
la risa y los azares.

Porque la vida quita
mientras da, buscando
el equilibrio más terrible,
cualquier día mostrará
su cara cierta
y hará anidar tus manos
sobre una piel extraña
y en ella brotarás
como un olvido
magnífico e indecente.

Yo entonces morderé
mis labios en silencio
porque sé que los ciclos
se completan voraces
y eliminan los restos
de lo que fue magnífico,
radiante, indescriptible…

y el rito de la vida
te otorgará ese cetro
con el que ser esclava
de otras vidas pendientes
–como la tuya ahora–
en las que completarte.

Mis lágrimas de hoy
son libertad de ti,
también cadenas
que has de ponerte sola.

Ama y déjate amar.

El resto es nada.

VERSOS PARA BELÉN ARTUÑEDO

Llama a la luz
y ante su vibración
busca el paréntesis
que te ayude a llegar
a controlar tus párpados.

No hay esperanza.

¿Acaso existe el árbol
cuando tú no lo miras?

•••

Las cosas son el aire
que eliminan
y el espacio que no ocuparán nunca

de su aprecio
resultan las pasiones
que te harán, sin saberlo,
esclavo o mártir.

•••

No deciden las horas,
aunque son cómplices
del tedio y la mirada
que no sabe posarse.

El único testigo
es el que vas dejando
en una mano virgen
para que lo padezca.

No te quedan más días
que los que ya has vivido.

•••

Ser lo ya señalado
o ser lo nunca escrito…

¿Qué importa,
si el regreso no es una opción posible?

•••

Huye hacia una tarde
que sepa despeinarte

sin aprender
de ella
más que la luz

no el viento.

•••

Cuando me hables,
siempre,
hazlo del fragor
de los sentidos…

que los golpes me duelen
aunque no los reciba.

CINCO VECES DIEZ

Aún debo existir
en esta tartamuda gramática de huesos
sin otro protocolo
que lavarme las manos
y utilizar el peine
para rimar cabellos

Aún debo existir
porque hay una intemperie
a la que salir desnudo
y una obsesión de párpados
para guardar los ojos

Aún debo existir
porque hay raptos pendientes
y mi madre cocina
para mí los domingos
porque hay amputaciones
que debo realizarme
y una circuncisión
que libere mi sexo

Aún debo existir
para escupir al héroe
cuando pasee ufano
por mi calle hemorrágica
para desabrazarme de las cruces que llevo
y saber dónde quedan
con quién
cómo

Aún debo existir
porque me aguarda el método
la lengua y un extraño
sabor a amanecida
porque aún queda tabaco
en la guantera
y hay ojales que no se abotonaron

Aún debo existir
a pesar de que oiga
el crujir de mi piel al arrugarse
y aún queden doce tigres
para morder mi sombra
a pesar del telón
y la tosca cuchilla
que rebaja mi barba

Aún debo existir
pues no sé exactamente
hasta dónde
se extenderá esta quemadura
si el fuego cederá
o si ya en la ceniza
habrá césped aún
sobre el que añorar algo.

AHORA SÍ HAY QUÉ ROBAR...

Ahora sí hay qué robar y a quién robar.
Las tropas regresan con su botín seguro
y hasta están bien pagadas sus horas de trinchera
aunque no sientan, como entonces,
el crujir de los huesos contra las bayonetas.

Sí hay a quién robar,
y lo sabe la mujer que trafica en el mercado
con su bolsa repleta de absurdos sucedáneos,
lo sabe la polaca en su esquina
y el muchacho que reordena sus cromos
junto al tullido del kiosko
y valora algún trueque que complete su nada
en un librito quebrado de adhesivo.

Hasta se roban versos en este tiempo ronco
–yo ahora acabo de hacerlo y sin sonrojo–
tendido a contrapelo
en el que la conciencia no alcanza ni siquiera
el valor de una moneda de metal
o de una brizna de esa sal que completa las comidas
o las hunde.

Lo peor del asunto es que ante tal mercado,
ingente, fabuloso,
robamos, desgraciados, a los más despreciables
y a los menos sensatos…
y dejamos lo que es más valioso
al aire de la tarde, sin atinar siquiera
a plantearnos, lelos, ese robo del siglo
que nos queda a la mano.

Pudiendo escribir los versos
más tristes esta noche,
preferiste un peluco de imitación
o un paquete de chicles
con sabor a cerezas.

Ahora sí hay qué robar y a quién robar...
pero, tristemente, no hay criterio.

OBSTINADO EN PERECER...

Obstinado en perecer antes de tiempo
me detengo en el andar de la muchacha
que camina delante de mis ojos…
debe oler a merienda todavía
a pesar de su falda de fulana

Y la ciudad sigue estrechando
su abrazo sobre el verde del monte
y en las laderas cuecen ya las comidas de la noche
esos adinerados que no sabrán jamás
de la sonrisa que dejan deslizar los que se hacinan
en la pobreza del valle

Camina con graciosa majestad
sobre sus tacones rojos y su edad quizas no llegue
a los diediséis
pero gestiona el contoneo
como una dama de noche
mientras una urraca expresa sobre el suelo
que el frío llegará en cualquier momento
y habremos de volver al cielo raso
a la bombilla jugando a ser un sol menor y huérfano
al calor artificial y a las noches de humo
en las que los hombres se cubren con sus mantas
buscando un final o una excusa

Pero aún no es la hora
y en el cambio de ciclo estacional
hay como una frontera de mangas cortas
y frío a media tarde
de faldas con un misterio estival ya tardío
que son como expirar

Hay un final en cada paso de esa muchacha
virgen
en cada hueco dejado al aire
para buscar mis ojos
y hacerlo más dolor del que ya siento
y no hay coartada posible
porque a la edad del fauno le fue negada
la posibilidad
aunque no el valor de lo húmedo en las piernas
ni el sentimiento de que en esta frontera
todo puede trabarse

¿Cómo atar lo que fuimos con lo que pudo ser?
¿Cómo acabar si el mundo
se empeña en que esos pasos
se hagan marca de agua en mis ojos cansados?
¿Cómo aguantar hasta que llegue el invierno
si no sé qué ponerme
sobre el cuerpo
en los ojos
en estas manos prestas a lo que llegue
aunque sea la muerte?