2009-10-22

El resto es mientras tanto

Siempre en camino,
combatiendo a las noches con sus constelaciones
y a las claras mañanas con una vela que desplegar al viento,
sintiendo un hambre atroz,
buscando el mundo ignoto
que te hará ser lo que has visto…

y jamás detenerse,
sabiendo que la chispa es el aire que entra
y que sale del cuerpo…

y dejar en los hijos la frente del criterio mientras envejecemos,
dejarles la medida anotada en el cartabón
–pero no grabada a fuego–…

y dejarnos llevar por el vigor que falte hasta donde la nave quiera sujetarnos.

Cargad, hambrientos de sueños, contra los días que restan…
cabalgad vuestras monturas hasta agotarlas buscando el horizonte…
que el polvo se zambulla en el aire pasado,
que no exista la palabra regreso en vuestro idioma
ni podáis ver cómo crece el alerce que plantasteis un día…

Los rizos habrán de abandonar la calavera
y no habrá mar de fondo entonces,
ni besos atrevidos,
ni siquiera un deseo que cumplir…

entonces comprenderéis que no hay un dios posible
aunque las plantas sigan arraigando en el muro de piedra,
que no existe una muerte con después
ni los grajos de invierno encuentran el fulgor en las ramas peladas de los castaños indios.

Todo será arrasado…
el resto es mientras tanto.

Carne

Somos carne que acontece y se traba,
que a veces se divide o descansa
como las jarras de Morandi,
carne roja que poco tiene que ver con la vida que llevamos
o con la lógica absurda de los días urbanos…

somos carne tapada por el fieltro
o el algodón tintado,
carne sin demasiada importancia para quien la trafica,
carne tierna a veces
y también bien servida en la pose simétrica de los banquetes…

somos carne ensayada y también débil…

carne que toma asiento y sorbe un café
o se detiene en unas líneas,
carne pasada que se pudre sin más una tarde de otoño
y se amontona en el seco tictac de los relojes,
carne que hizo lo que pudo
y administra las muertes de los significados…

carne sin más misterio que ese azar que cubre lo impalpable,
carne como un vuelo de pájaros
que apenas reconocen el último árbol suyo,
carne que fuera intacta un día
y que ha sido escrita por otras carnes pares con embriaguez de lirios y promesas.

Las rosas del jardín posan espléndidas
y hay un bistec de ayer en la nevera.