2009-01-06

Jean Pierre Duprey orina sobre la llama del soldado desconocido.

Como amueblar los pisos de los jóvenes casados
y engalanar el tálamo con rosas perfumadas
que aromen sus peleas nupciales,
como mullir los tiernos almohadones
donde sus cráneos reposen,
como armar el sudario de unas sábanas
donde nadar naufragios...

Como una mirada tranquila quise ser...

Pero París arde de un hambre inenarrable
mostrando los desnudos de todas sus miserias
y no es tiempo de risas y de abrazos.

El Sena se desploma por sus puentes
arrastrando el cadáver global de una ciudad quemada,
los hombres no son siquiera sombras en el río,
y la sangre que brilla en lluvia de cerezas
como una primavera del horror.

Como tender una melena sobre los aguamaniles
y ponerle el jabón más aromado,
como el joven desnudo en el barreño de zinc
recibe el frote suave de la madre en su espalda,
como el rizo crujiendo sobre la piel de un sábado...

Así quise ser yo,
así.
Y orinarme en los símbolos del mundo.

•••

Jean Pierre Duprey fue hallado sin vida en su taller de París el día 2 de octubre de 1959.

© luis felipe comendador

2009-01-05

La retórica de la poesía burguesa

El amaneramiento sin sentido, el no hablar desde el hombre y hacia el hombre con temporalidad y con fiebre humanista, el pensar que la poesía tiene sentido en sí misma y que no debe salir a la calle para exponerse al gentío, el subjetivismo como todo y la jodida deshumanización del arte... es la retórica absurda de la poesía burguesa que se enquista en los centros de poder literario y maneja las pautas oficiales para acceder a los dorados dineros públicos... y algo peor que eso [pues hasta aquí hablo de una estética definida y no compartida]: los poetas de base social que han hecho de ella ‘utilidad’, a los que someto al título de “poetas sociales burgueses”, que, amparados en la altisonancia mediática, utilizan el tono de denuncia en su poesía [siempre respondiendo a un modelo aceptado que funciona y procura un estado personal y una posición absolutamente contrarios a lo que se denuncia en sus propuestas poéticas –no proéticas–. Ellos son los peores, poetas burgueses disfrazados de poesía social que le han pillado el punto de ‘beneficio material’ a lo que solo debiera ser tensión entre la realidad exterior y la necesidad interior de poner orden en el caos percibido... ellos son los verdaderos poetas burgueses de nuestro tiempo, y su retórica es realmente perversa, pues juegan al peligroso juego de alimentar al sistema sumándole en su raíz lo que debiera estar frente a él siempre.
Poetizar desde la condición de hombre siempre es fruto de un desequilibrio entre el mundo y el yo que se siente afectado por la tensión que producen en él las verdades reales y las metafísicas, embriagadas siempre de soledad, pero con referencia constante al hombre puesto en el mundo, entre los demás hombres. Y poetizar así también debe consistir, fundamentalmente, en ‘ser’ así. El poeta social debe responder con signos vitales inequívocos a su propuesta poética... mejor dicho, la poesía social debe partir inexcusablemente de hombres que sientan y vivan con intensidad ese desequilibrio entre el hombre y el mundo, y que su poética sea respuesta de la talla exacta a la que su cuerpo de humano presenta en la vida.
Así las cosas, deben dar igual la coloquialidad, el horizonte narrativo del poema [sé que es una contradicción, pero sirve como expresión que explica], la esencialidad o el lirismo. Lo fundamental es “decir” desde el hombre hacia el hombre, decir en conciencia [y también en gestos] sin medir consecuentes de fracaso o de triunfo, sin ver economía o edición, afectos o desprecios.

2009-01-04

Ansias de libertad

Quedábamos los jóvenes,
lejanos,
con el presentimiento jubilado
de no volver a casa por las noches
y seguir al escándalo
del alud de la gente en la calzada
o hacinarse entre aquellos brazos
que envolvían ciñendo
y podían no ser de una muchacha.

Quedábamos múltiples los jóvenes
ante el azar medido,
sin conocer la dimensión del día o de la noche,
desatados,
gustándonos o no –que no importaba–
y tramando sin plazos el deseo
surgido de una sombra indefinible...

Y vimos ya algo tarde
que amar nos excluía,
que ser igual a otros
o distintos
también nos excluía,
que escoger o no hacerlo
también nos excluía...

Huimos a lo gris...
y fuimos hombres
buscando el acomodo
entre las torres
donde todo termina mutilado:
hombres inadvertidos,
carne dormida,
muertos.

Hoy, completado el círculo,
batido el fango entero
con un fragor de nada,
solemne, erguido y viejo,
busco esa bicicleta
con la que ser el ansia.

© luis felipe comendador