Usted, que está en los cielos...
Qué lindo verla llegar desde el horizonte y decirme: “Usted, que está en los cielos, mire la luna que acaba de salir, esa luna mochica que aquí siempre fue muerte, una muerte para estar mejor, un sacrificio para cambiar el mundo… usted, que apenas pisa la tierra y ya tiene ganas de irse porque le cansa tanta miseria junta… no se asuste, hágalo por mí, que necesito su seguridad como a la virgencita o a San Judas Tadeo, no se asuste ni se vaya jamás, que solo su presencia produce aquí mil cambios y hace brotar sonrisas… solo déjese llevar por este viento que trae la arena de las playas del Oeste, déjese llevar por la intención ajena, y beba si quiere este pisco que le ofrezco hasta que la ebriedad le ponga en la justa verdad de lo que aquí sucede… usted, gringo que trae la noche serena y pura, no se vaya jamás, no se me vaya aunque ya tenga ganas de volver con los suyos, que aquí se necesita verle para saber que hay un futuro cierto… no haga nada, no diga lo que no quiero oír, solo déjes...