Texto para acompañar en el catálogo de una exposición a Alberto Hernández. Hay un algo quebrado en la obra última de Alberto Hernández que hace temblar, un algo que viene gestionado por el color y la línea, por el contraste como un puñal y el encontrado gesto de su mano en la constante intervención sobre lo azaroso de la magia cerámica... ese ‘algo’ elimina y asusta, avisa y pone en guardia, dice y desola, define y niega a la vez. Y no es solo la propuesta icónica del artista lo que hace temblar, es también el sentido de obra unitaria que contienen sus trabajos murales de los dos últimos años, un hacer teselas como partes de un uno que requiere mirada cenital y distante si logras ensamblarlo... ramas, hojas, árboles, humo... y una especie de alfabeto pictórico haciendo fondo a todo ese bosque en constante proceso de transformación. La obra del Alberto que crea en el siglo XXI intenta, y lo logra en demasiadas ocasiones, jugar con el binomio humo/humus, conceptos ambos tan unidos al hac...