2008-11-02

APOSTASÍA

Levanta tu hostia, gran mercenario blanco,
alto entre los hermosos de tocados y tíaras,
y muéstrala, indecente, a la turba que cuece
patatas podridas en la olla nocturna,
a la que busca el calor en otro cuerpo
porque no hay mantas suficientes.

Levanta tu hostia, como un mago antiguo,
de espaldas, para no ver lo que haces,
y en tu ballet de manos dibuja cabriolas ridículas
que siembren la vergüenza del semen
que se vacía jugoso en unas nalgas prietas.

Haz tu ballet y levanta tu hostia con la casulla nueva
ocultándote el cuerpo inserenísimo y deforme
para tapar la boca sacrílega de Lesbos
secando la humedad limosa de los clítoris
que se frotan con ansia.

Levanta tu hostia sin que pueda caerse
de tu santa sotana el monedero repujado
que acumula limosnas y caridades,
óbolos y herencias de fieles muertos.

Las muchedumbres mansas comen manzanas verdes
como si fueran pasto. Caminan al unísono
como un banco de peces y acomodan sus miedos
en una voz común que es como un grito ahogado.

Levanta tu hostia, perro blanco de octubre,
y enséñasela al héroe que arrodillado mira al suelo
para que busque la dignidad en los harapos
y se humille ante la cruz que portas;
muéstrala como hiriendo a las fulanas
que han batido su récord un día de guardar
para dar de comer a sus criaturas
y que la trague la garganta agotada
del anciano miedoso que purga sus pecados
con el terror insoportable que propicias.

Levanta tu hostia con altivez, poderoso rocín blanco,
y que tu voz de hembra pronuncie el latinajo
que limpia y que somete.
Levantalá como el puñal o el hacha del verdugo,
y asesta un golpe más en la moral del hombre
que no ha comido hoy ni comerá mañana.

Y desfila después entre los elegidos
ungiendo con tu gracia sus nucas afeitadas,
calzando en sus cabezas el laurel bendecido
o la mortal ceniza…
que el trigo es de otras manos, y el carbón,
y el arroz, y el pan reciente…

Levanta tu hostia, áspid de los brocados,
para que llueva con escasez
y el pobre fíe en ti el agua y la cosecha…

Que a ti te espera el mármol, rey entre los castrati,
y al mundo la miseria de sostener tu trono
y besar tus estampas.

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