2014-11-05

No es colirio

No es colirio, 
pero encierra lepantos en sus ojos de azufre, 
cadáveres flaquitos en sus labios de crema, 
ancianos persas en sus cabellos líquidos 
y una punta de lápiz en su voz de pantera... 

se afila por las noches 
y dibuja en mi centro colibríes rizados 
que vuelan sin moverse 
frente a mis ojos lánguidos... 

luego muda, harta de ser crisálida, 
y echa vuelo indeciso hacia todo lo incierto... 

y el viejo sigue como la muerte, al acecho... 
y obstante hoy no es obstáculo, 
ni plétora supone exceso alguno... 

como silbar... 

y yo juego a exprimirla con los dedos, 
con los ojos cerrados, 
con las uñas lamidas y dañadas... 
juego a sacarle el jugo como a una fruta nueva... 
y rezuma vasitos de licor, 
claraboyas altas, 
espejitos de plástico, 
diminutas lombrices de tierra 
y un trago de Cointreau que se hace arisco al pasar la garganta... 

y no puedo, 
no llega la escritura ni con jugo de musa a tragos largos... 
entonces me desperezo como un bonobo viejo 
que se siente castrado por el gran dominante, 
me desperezo a tirones de gato 
para ir sintiendo a pocos los tendones dispersos, 
los músculos ya fláccidos 
y esta falta de lengua que es como de domingo... 

y de pronto me invade cierta cosa 
de pastos con sus reses dispersas 
en un rumiar sin pausa, 
pastos verdes de Eire, 
azulados de Shelly Manne tocando sus tambores 
para ‘El hombre del brazo de oro’, 
amarillos como poemas raros de Elmer Diktonius 
(“Letargo, podredumbre, / zumbido de moscardas en la carne hedionda de los cadáveres, / vida putrefacta –eso es el mundo...”), 
rosas como la voz templada de Regina Spektor, 
grises como yo mismo ahora, 
en este instante ciego y descartable... 

y de los pastos se arrebata una química que es duende, 
una química simple y capaz de hacer palabras, 


de hacerse palabras.

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