2008-11-09

Martín Buber

En el juego de ‘el par de vocablos’ sobre el que se sostiene la filosofía de Martín Buber [véase/léase su obra ‘Yo y tú’] hay algo que me lleva inexorablemente a la sonrisa [y no por el tipo, Dios me libre, que me merece un respeto especial].
Buber engancha una relación y la complica en vez de simplificarla, la exprime con ardor guerrero hasta casi conseguir que se haga críptica… e incluso hasta determinar que solo se puede vivir en el pasado en función del ‘vacío’ alimento de la experiencia en su modo más transitivo. Llega a afirmar que “solo desde el pasado se puede organizar una vida” [estoy de acuerdo si se le quita ese ‘solo’ excluyente] y sugiere que el carpe –vivir el presente– diem “devora la vida”.
Yo, sin embargo –pobre de mí–, entiendo que una vida se puede organizar también desde el justo presente y hasta desde el nebuloso futuro… y siempre, claro, desde esa propuesta relacional de Buber en la que se hacen imprenscindibles el ‘yo’ y el ‘tú’.
La pregunta inmediata a mi afirmación sería: ¿Cómo se puede organizar una vida sobre algo que no se tiene [porque está en proceso o porque aún no existe]?… Pues perfectamente, porque se posee la conciencia del tiempo y la hermosa impronta de ‘la posibilidad’ [lo que es posible, lo que puede ser posible]
Además, me parece mucho más fácil organizar lo que no se tiene aún que lo que ya gastó su cuota de posibilidad y ‘es’… Más fácil y, probablemente, mucho más productivo en parámetros humanistas, pues tal decisión de orden implica voluntad de crecimiento [contra el riesgo de anquilosamiento y conservadurismo que conlleva el orden basado únicamente en el pasado].
Las grandes revoluciones, los cambios fundamentales, llegan siempre de una experiencia del pasado [sí] y precisan una voluntad desde el presente hacia el futuro, con un alto valor en el desarrollo [y por tanto en el orden] de la posibilidad.
Entonces –quede claro– entiendo el pasado como ‘generador de impronta’ [es por ello que resulta imprescindible como propiciador de una voluntad de cambio], pero acuño el presente y el futuro en el orden de lo ‘real’, y no para ser gastado, sino para ser ordenado con voluntad positiva.
Tal visión no es otra que la del hombre lanzado a la vida [lanzado a la muerte], tan distinta y distante a la del estatismo conservador que busca quietud donde hay movimiento. Así las cosas, entiendo que la misión humanista consiste tanto en ‘estar’ como en ‘ser’, hundiéndose en un error quien estime que solo se puede crecer en una de ellas mientras se desdeña la otra.
‘Estar’, por sí mismo, es simplemente fracasar.
‘Ser’ solamente, implica volatilidad y desaparición.
El hombre se hace inexcusablemente desde su pasado, en su presente y hacia su futuro. No sirven las partes sueltas para hacer el ‘uno’.

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