2008-11-09

Evolución social positiva

Para salir airoso del suceso social, el hombre necesita jerarquizarse, conformar estructuras y ponerles siempre la guinda de un líder. Tal circunstancia crea, indefectiblemente, diferencias sociales que se patentizan, según el formato social [forzado o escogido], en grandes y graves bolsas de pobreza y pequeñas islas de crasa riqueza. De este proceso [que no es solo humano, ya que se puede ver con claridad en las distintas sociedades animales, desde los babuinos hasta las hormigas] van quedando restos rijosos de procesos anteriores que no responden a la lógica evolutiva. Entre los restos de todos esos naufragios sociales se encuentra el de la herencia del poder por genética, es decir, la monarquía.
No responde a la lógica del tiempo actual que un pueblo avanzado y moderno mantenga esas jerarquías que están fuera de la elección por opción individual y democrática [todo a pesar de las trampas de una constitución que se aprobó en su conjunto por ser estimada por consenso como la menos mala]. Con esto no intento unir mi opinión a la de los medievales nacionalistas ni a la de los esbirros de la ultraderecha católica, Dios me libre, que aunar fuerzas por la opinión coincidente en un asunto puntual es siempre causa de los más graves errores de la Historia. Hecha la consideración, me afirmo en mi convicción de que todo lo monárquico huele a pasado imperfecto y a futuro perdido [eso sin sumar lo ‘anecdótico’ de los gastos que le produce al erario público] a pesar de que la figura del Rey es presuntamente decorativa [que no lo es, por supuesto].
Recuerdo ahora, por ejemplo, cómo transcurrió el duro proceso de democratización de Nicaragua, en el que el Frente Sandinista, con Daniel Ortega [el Comandante Ortega] a la cabeza, se jugó el tipo en una revolución necesaria [eso dicen que hizo el Rey Juan Carlos en la solución del ‘23 F’ y en el proceso de democratización español] y, habiendo vencido al innombrable tirano nicaragüense títere de Norteamérica, dejó que el pueblo expresase su voluntad, lo que le envió a ser oposición, circunstancia que duramente admitió sobre sus muertos el Frente Sandinista.
El caso es que si pretendemos enredarnos en una espiral de evolución social positiva, debemos buscar una lógica participativa en la elección de esas jerarquías, procurando un sistema que las haga renovables para dotarlas del oxígeno necesario y arbitrando un sistema que genere autoselección en el siempre probable caso de que esos jerarcas quieran torcer el decurso social. En palabras llanas, intentar dejar las herramientas en las manos del pueblo, procurando dotarle de una norma de uso que no permita el abuso de poder bajo ningún concepto.
¿Cómo se hace esto? No lo sé, pero sí que presiento que hay formas y personas suficientemente preparadas que pueden lograrlo

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