2008-11-15

lo combativo de mi poesía

Ando engolfado, Alberto, en explicar lo combativo de mi poesía para dejarlo escrito y que no se hagan interpretaciones ajenas a mí intención, como más de una vez ya han hecho algunos críticos, hasta el punto de no reconocerme ni en los trazos de mi obra como base de sus argumentos peregrinos, ni en lo que terminan afirmando sin conocimiento alguno de causa.
Afirmo mi interés decidido por lo confesional enmarcado en una expresión simple y clara; lo confesional como hilo conductor de una experiencia personal de vida que deje un latido de mi mundo prosaico unido al devenir de una sociedad que me ha colocado justo donde estoy: Desde mi tacto directo intento mostrar el decorado de un sistema que corresponde a mi tiempo, un decorado en el que cada día y cada noche represento mi papel y que considero que debe ser esbozado poéticamente y éticamente como percepción directa e individual de un tipo que pisa la calle en estos días. Por ello apenas toco temas que me sobrepasan o se salen de mi círculo vital [excepto los relativos a los sentimientos más profundos], pero intento hacer un juego de alta dificultad, que no es otro que dejar indicios de lo universal desde lo absolutamente personal. Por eso desnudo mi vida, me desnudo, porque me considero un tipo mediocre que responde perfectamente a los percentiles aceptados en este tiempo, y al mostrarme desnudo pretendo desnudar también al hombre de mi tiempo. Así, para hablar del hombre de mi tiempo y de sus miserias, hablo de mí mismo y lo hago en primera persona, pero siempre con la intención de que ese «yo» sea siempre un enorme «nosotros».
Con lo antedicho afirmo mi decisión constante de aportar en mi obra una importante intención política que no sé qué dimensión tiene, pero que me parece preclara cuando los poemas se leen con distancia y se sabe ver en el individuo que los protagoniza todo un grupo social que hoy late y respira.
También es poesía de combate, también, porque desde el existencialismo que la hace nacer siempre se dan claves para la rebelión contra todo y contra todos, incluso contra uno mismo. Y no es una poesía de combate hecha al modo de los poetas de guerra, con la voz altisonante y una clara arenga cada tres versos, es una poesía de combate diario y callado, pero con la clara misión de hacer sangre y herida en órganos tan sensibles como la moral, la humillación, la solidaridad, la justicia y la aceptación de una vida anodina.
Para mi poesía siempre busco música, una música que sale del heptasílabo y del octosílabo [en los que me entreno casi a diario junto a la itálica forma del soneto, en el que me siento como pez en el agua a pesar de que apenas decida publicar algunos pocos de cuando en vez], e incluso fuerzo a veces esa música y la patentizo con rupturas estéticas de rima interna que resultan tan imperfectas como el tiempo en que vivimos, de tal forma que algunas veces busco el poema malo como expresión de un tiempo malo, de tal manera que hasta la forma sea combativa y rebelde: El poema es espejo del tiempo en que se escribe... hasta espejo formal.
Sé, amigo Alberto, que al hacer esto corro riesgos, pero lo hago con conocimiento causa y pensando siempre en que la forma también es indicativa y vindicativa del contenido del poema.
Alguien podrá decir: «Este petulante escribe con la intención de permanecer»... y no se equivocará, porque en mi narcisismo estoy decidido a que alguien alguna vez se sirva de mis palabras para explicarse este tiempo de otra forma, y esa es una razón esencial en mi escritura, ésa y la de curarme en salud echando toda la mierda de la cabeza en pequeños o grandes vómitos.
(22:35 horas) Me encanta que el poema diga como una amante celosa, amando a la vez que haciendo daño, que se sosiegue a veces y que no se detenga en el grito ni en la risa.

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