2009-04-18

¿DARLE UNIDAD A UN POEMARIO?... qué putada.

Hay mil formas de ‘intentar’ darle unidad a un poemario, pero muchas son como esas balas de fogueo que ni matan, ni hieren... y a veces ni asustan. En fin.

La historia debe partir siempre del método de trabajo que se utilice, Veamos:

  1. Si partes de una idea clara y bien definida [hablo de contenidos] y le buscas todos los flecos posibles, desarrollándolos, conseguirás que exista unidad de partida y apenas sea precisa otra preocupación que la de conseguir esos flecos con cierto enfoque. No hay problema de unidad.
  2. Si partes de un planteamiento de forma, independientemente de que tus creaciones traten temas diversos y distintos [un sonetario, por ejemplo], tendrás también coseguida esa idea de unidad, que puede reforzarse más si acumulas contenidos afines en capítulos o apartados diferenciados.
  3. Si tocas temas diversos con estilos diversos, lo mejor es buscar indicios que te lleven a una gradación en la colocación de los poemas dentro del poemario [indicios temporales, indicios de actitud en el poema, de ritmo, de intención], de tal forma que el poemario discurra de menos a más o de más a menos.
  4. Si tienes una colección de poemas que responden a impulsos poéticos muy distintos, puedes trampear buscando unidad en los títulos de los mismos [yo lo hago a veces], haciendo que esos títulos sean partes de una unidad conocida [poner, por ejemplo, nombres de habitaciones de una casa –que es prosaico, pero funciona para que nos entendamos–... en la cocina, en el dormitorio, en el baño, en la sala de estar, en la terraza] y que esa unidad de títulos se resuma en el título general de la obra. Es un recurso fácil y truculento, pero a muchísimos autores les da un resultado magnífico, sobre todo si estás acertado en la elección del tema. Un buen conjunto de títulos de poemas y un buen título general son la mejor publicidad de tus creaciones... recuerdo ahora a uno de los autores que mejor titulas en poesía actualmente, Abraham Gragera [no perderse su poemario “Adiós a la época de los grandes caracteres”]
  5. Otro recurso fácil es acompañar los textos con ilustraciones de un artista gráfico y que esas ilustraciones compongan la unidad [vamos, dejar el asunto de la unidad en manos de otro]... y el mismo caso es el de una buena maquetación en la que las decoraciones, el estudio de los blancos en página, la tipografía, los titulares, la compaginación... sugieran la unidad que no tienen los textos.
  6. Y el recurso más fácil es subtitular el librito nuevo con el marbete de “OBRA REUNIDA [2003-2009]”, que ya indica que la unidad es solo temporal [de tiempo de creación].


En todo caso, y desde mi punto de vista, creo que, si se quiere dar unidad a un poemario, lo mejor –y lo más decente– es plantearse los próximos tiempos creativos personales como proyectos unitarios [puntos 1 y 2], y no dejarse llevar por la dispersión del puro impulso.

La unidad, por otra parte, no siempre es buena, pues al forzarla podemos hacer que una obra que nace con el sello de sobresaliente termine en pura mediocridad por ese intentar forzar el nexo de unión entre cada parte del trabajo creativo.

No es mejor un poemario por tener unidad que otro que, sin tenerla, es capaz de dejar destellos que hacen temblar al receptor [hay muchos ejemplos de ambas formas de presentar mundos poéticos].

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