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Soy un uno

Soy un uno,  un uno blando que acaba de contarse justo cuando se empieza...  mis talones son unos doblados por su centro;  mis piernas secas, unos corvados, zambos;  mi sexo, un uno restándose o reptando;  mi vientre, un uno enteco;  mi pecho, un uno par y caedizo;  mis brazos, dos unos desunidos de sus manos atadas por un nudo de unos;  mi cuello, un uno hueco;  mi boca, un uno que se resta de palabras  desde el húmedo uno de la lengua;  mis ojos, unos ciegos que a ratos se arretinan  creyéndose binarios en el iris.  Todo yo un uno primero y último,  agotado y tan lleno como el cero previsto entre gladiolos,  como la cruz de un sur  que siempre estará al sur de cada paso.

Las ciervas

¡Las ciervas...! Siéntate en lo que resbala, viejo, y mira el olor de las cosas como tocas la tinta fresca con el dedo. Busca en el zaguán la sombra de alguien que caminó ayer y tiéndete a pensar en tu camastro. ¡Las ciervas...! El beso, viejo, el beso en las axilas y luego flotar como una niebla ancha que deambula y advierte, que gime como lo hiciera un mal fusilado. Quiero entenderte, pero me cuesta tanto... ¡Las ciervas...! El reflejo en el charco, viejo, el baño de la virgen desnuda como un regalo de la lluvia, las flores como sexos femeninos abiertos, como bocas buscando la raíz que los penetre mientras suena la queja deliciosa. ¡Las ciervas...! Pulpa de mandarinas, viejo, pulpa en los labios mojados con sabor a lo que se fecunda, fécula, felpa, feldespato, pulpa de mandarinas, pulpa de vulva, pulpa. ¡Las ciervas...! Frótate, viejo, que el tallo ya es adulto y hay que dejar olores en las ramas que circundan tu isla, hay que dejar señales a las hembras adultas de todas las especie...

"La noche soy y hemos perdido"

Decir que todo ha sido llorado ya, saberlo, y luego abandonarse al salto magnífico, a la memoria animal, a la alimaña de las fauces abiertas, a lo desolado que es fondo de cada nada... y volver al gesto primitivo, al voluptuoso danzar de lo que acaba, al nombre primigenio, a las ruinas donde la huérfana llora desolada, a lo que cesa con cada pestañeo, a la tregua de lo indefinido... Y llorar mansamente, sin angustia por dentro, sin necesidad precisa... y abandonarse en la desmesura de un final, y ladrarle a la sombra que se acerca golosa desde abajo. Caer... caer... caer... y sentir el desgarro de la mordida, la hendidura caliente ahogándose, la lengua latiendo como un corazón en la boca... y pronunciar en alto que el exceso es silencio cuando se cierra el círculo. Hemos perdido, sí... ¿Qué heredarán mis hijos?

Héctor Murena cree en la influencia de los astros

Lo he visto en las mareas de este mar interior hecho de meses, en la luna diaria de tus ojos, en el calor solar de tus brazos trazándome la herida, en la piel constelada que alimenta tus hombros plenos de melanina, reposo de mis manos... Lo he visto en el talud de tu vientre, en el cristal más líquido de unas lágrimas breves, en el ígneo palor de unos muslos eternos como nieve... Los astros simplemente ordenan la cadencia de las cosas, poseen la memoria y las señales de lo que fue y será. Déjate al aspaviento de sus órbitas, abandona tu piel a su mandato. ••• Héctor Murena murió rodeado de cajas de vino en el cuarto de baño de su casa de Buenos Aires. Fue el día 5 de mayo de 1975. © luis felipe comendador

Epístola informal a Fabio [R. de la F.]

Qué ganas de gritarte, como un ponente raro, desde la mesa aquella de la pagana misa con filólogos mancos y poetas de risa que me ponen la sien a punto del disparo. Qué ganas de decirte que ya no paso el trago por más que mi garganta se humedezca sumisa y me desabotone dos tercios de camisa. Qué ganas de anunciarte que ya no soy el mago, el coral ditirambo ni el par de los impares, que no tolero el asco de los que por poesía remojan acertijos, retruécanos, cluedos... y silabean tontunas contando con tres dedos, pensando que el fulgor está en la apostasía de lo que no sea rima, medida o calamares. ••• De más decir demás –está de más decirlo–, ellos se creen poetas... tú sabes que son mirlos.

Anne Sexton se encierra en su cocina

Una casa con patio y jardincito, con cinco habitaciones y dos baños, una cocina grande con todos los inventos electrónicos, un sobrado con libros donde escribir las cartas y los poemas íntimos, un salón/comedor con un chester marrón de piel bobina acaso, una cochera, un coche y un poco de ese anhídrido carbónico que bien dosificado te hace dormir tranquila para no despertar de nuevo al tedio de los días. ••• Anne Sexton encendió el motor del coche en el garaje de su casa y murió por inhalación de anhídrido carbónico. Fue en Weston, el día 4 de octubre de 1974. © luis felipe comendador

Jaime Torres Bodet describe el cáncer que lo asola

Un algo celular, incontenible, me crece en las entrañas y lo siento. No es dolor, pero es muerte, aunque es vida también que late adentro. En el justo latido de esa muerte está la Edad del Bronce, la voluntad de Darwin, el Big-bang más teórico, el dios inextinguible de las cosas que transforma los cuerpos para hacerlos quizás competitivos. No siento apenas nada que no sea un miedo agotador hacia este cambio que ha de llevarme, al fin, a donde todos habremos de ir un día sin demora. Un algo celular me crece adentro que me hace pensar más en mí mismo. ••• Jaime Torres Bodet puso fin a su vida con un disparo. Fue en México, el día 13 de mayo de 1974. © luis felipe comendador

Alfonso Costafreda se hace abstracto

¿Qué puedo hacer si todo ya está escrito, si es inevitable que suceda la escarcha sobre los tallos tiernos de los tréboles, que el muerto que ha de venir llegue a su hora, que el Sol salga y se ponga, que la borrasca barra siempre desde el Oeste esta península...? ¿Que puedo hacer si cada verso ya está escrito, si cada palabra ocupa el preciso lugar que está asignado, si en mi frente está el código que marca mi final y su teatro? Los latidos contados de mi corazón se desbocan buscando el cero. ••• Alfonso Costafreda fue hallado sin vida en el pasillo de su casa en Ginebra el día 4 de abril de 1974 © luis felipe comendador

La poesía le pide al poeta...

La poesía pide al poeta que se busque en lo difícil, es decir, que se concrete con suma delicadeza en su pensamiento y busque entre las tramas de su idioma lo más cercano a la pureza de esas ideas para hacerlas expresión. Es por ello que el poeta debe dominar la palabra y saber trazar con ella elipses y perfectos polígonos que incluyan la limpieza del trazo y la equidistancia de los significados en la mejor simetría auditiva. Hacer poesía es dibujar sonidos que en su conjunto proyectan una idea compleja... una idea dispuesta a tomar desarrollos distintos en quienes la reciban y un dibujo que suene en el oído como una música que sea más que la música. La poesía pide al poeta armonía en la presentación de un problema de pensamiento, pero también le deja ir a tientas para que enrede en el campo de lo posible. La poesía le pide al poeta permanecer en ella siempre y convertir su mirada en esa flecha abstracta lanzada al infinito o a la nada. La poesía le pide al poeta verdad [nunca sensació...

Joan Mirande estercola una bugainbillea

A los violentos abertzales. Acotar el terreno con la voz, con palabras usadas sin más razón que el mercadeo diario, y luego hacer idioma del balbuceo aquel y llenar mil papeles con sus signos. Después literatura, luego algún manifiesto, ciertas leyes, quizás algún prospecto que sirva de ideario... y unas armas con las que defender lo indefendible. Morir matando no puede ser suicidio. ••• Jon Mirande tomó una sobredosis de barbitúricos en París la noche de Navidad de 1972. © luis felipe comendador

Alejandra Pizarnik se hace un muerto

Podad mi cuerpo cada primavera, y que crezcan con fuerzas renovadas, en su tumba, mis esquejes. ••• Alejandra Pizarnik murió por una sobredosis de barbitúricos en Buenos Aires el día 25 de septiembre de 1972. © luis felipe comendador

Pasión

PASIÓN [A Antonio Carvajal y a Belén Artuñedo, por dejarme robarles un par de versos.] Con estos mismos labios hechos para la guerra me saciaré en la pulpa coronada de vello que es vértice espumoso donde pongo mi sello de barba entre tus piernas posadas en la tierra. Me morderé los dientes perdido entre tus sierras, te libaré la boca y arderé en tus cabellos rizándose en volutas de los humos más bellos que sahumaron los campos heridos por mil guerras. Teniéndote abarcada ya nada es imposible. Ni la muerte, ni el ansia, ni el tiempo son estorbo, pues el deseo habita donde todo es posible. Cercado está tu vértice por mi cremosa llama que se eleva, votiva, alimentando el morbo, así como se acuesta la noche en una rama. © lfc 1999

Gabriel Ferrater se encierra en una bolsa de plástico

¿Cómo no amarte si tú eres la saliva, el rastro genital y sus mucosas, la bella microflora de los vientres, el ardor de la axila, el virus, la bacteria que comparto, el hedor de la herida pustulada, el piloso lunar –centro de todo–, el interdedo, la uña incluso? ¿Cómo no amarte, cuerpo, con el odio brutal del abandono? Porque te vas, ¿lo sabes? Te vas a trozos trágicos, a escamas. Te vas a trompicones amputándome. Te vas a tragos. Te me ajas sin más... y yo mirando. ••• Gabriel Ferrater tomó barbitúricos y se ató una bolsa de plástico en la cabeza. Fue en Sant Cugat el día 27 de abril de 1972. © luis felipe comendador

Piensa el autor que no es ni mitad

••• Al despertar, la cama estaba fría y el sol hacía equilibrio en la persiana mientras yo mordisqueaba la manzana de un sueño de mujer como ambrosía. Me abrí al mundo en la ducha, que molía en mi cuerpo maduro la galbana, y busqué el pantalón, aquél de pana, que tantos años sabe de mi umbría. Salí a la calle como a la batalla, buscando en las esquinas al sicario que lleva en su navaja mi futuro... pero no encontré más que un aire impuro, un affiche del Ché y el recetario de una vida pendiente de canalla. © lfc

Paul Celan llega a ninguna parte

Vivir en las manecillas de un reloj pataleando los minutos, salvando los terribles segundos... Nunca el tiempo fue tan circular, tan repetido. Luchar por la espiral o quizás por la elipse es la utopía. Pero el tiempo camina inagotable, sin ojos, sin un olfato cierto, sin saber tan siquiera de su absurdo infinito. No sirve nada ya que no sea morir ahogado en la clepsidra. Quizás el Sena. ••• Paul Celan se arrojó a las aguas del Sena a su paso por París el día 30 de abril de 1970. © luis felipe comendador

Nada hay que dure

NADA HAY QUE DURE a Julio César Navarro Nada hay que dure, amigo, o verdadero, ni que no te desgaste o te envejezca... nada que te haga eterno en esa gresca de muchachos abriendo el monedero. Tampoco serás uno en el mortero de la vida, porque de la grotesca pasión arrebatada de la pesca del uno, no lo dudes, sales huero. Con esta arquitectura, ¿qué decirte?... estrecha tu valor en lo indecente y apura el haz que eres con la boca, agota lo que puedas antes de irte, y en la hora de todos sé el ausente, el que apaga la luz y el que la invoca. © lfc

José María Arguedas reposa en un caboclo

No conviene el bullicio a lo sensible, pues saca del letargo y ensombrece la magnitud del líder. No convienen estos versos que nos muestran las vísceras azuleando al sol. No convienen, en fin, poetas que no sigan el compás de los pasos de Occidente. ••• José María Arguedas se disparó un tiro en Lima el día 2 de diciembre de 1969. © luis felipe comendador

Sylvia Plath habla con la muerte dentro del horno de su casa en Londres

Te vi siempre, en todos los lugares, en todas las gentes que poblaron mis ojos. Estabas en las calles de Boston aguardando al suicida, al peatón tranquilo que cruzaba de acera, al niño que corría detrás de una pelota. También en los puertos que conocí decías adiós con tu pañuelo poblando las cubiertas con tu velo de seda analizando la mejor estrategia del naufragio. Estabas en todos los lugares: en los cafés bulliciosos de París, en las tabernas del Soho, en los puentes, en los acantilados... y me mirabas fijamente a los labios haciéndome entender que mi hálito era tuyo por siempre, para siempre. Te he visto en la cocina de mi casa, en el baño, en el cuarto de juego de los niños, riendo entre los libros que decoran todos los anaqueles, persiguiendo el sueño entre las sábanas... Hoy quiero hablar contigo hasta que llegue el alba y se hagan memoria mis palabras. ••• Sylvia Plath abrió la llave del gas y metió la cabeza en el horno en su casa de Londres el día 11 de febrero de 1963. © lui...

Carlos Obregón se abstrae en Mallorca

Ser como el caracol que ruge trepando por el musgo, haciéndose humedad con la humedad, piedra con la piedra, arrastrando su cuerpo por el mismo alimento que es vida y hez, escondiendo su fragilidad calcárea entre las plantas trepadoras que atosigan el muro, que lo ahogan. Las piedras también mueren, se diluyen como el caracol que soy, y en sus huecos, fruto de la erosión más implacable, se averigua un sonido de sirenas que ya no señalan la herida, no la cantan, porque la muerte es todo. ••• Carlos Obregón tomó una sobredosis de barbitúricos en Madrid el día 1 de enero de 1963. © luis felipe comendador

Jean Pierre Duprey orina sobre la llama del soldado desconocido.

Como amueblar los pisos de los jóvenes casados y engalanar el tálamo con rosas perfumadas que aromen sus peleas nupciales, como mullir los tiernos almohadones donde sus cráneos reposen, como armar el sudario de unas sábanas donde nadar naufragios... Como una mirada tranquila quise ser... Pero París arde de un hambre inenarrable mostrando los desnudos de todas sus miserias y no es tiempo de risas y de abrazos. El Sena se desploma por sus puentes arrastrando el cadáver global de una ciudad quemada, los hombres no son siquiera sombras en el río, y la sangre que brilla en lluvia de cerezas como una primavera del horror. Como tender una melena sobre los aguamaniles y ponerle el jabón más aromado, como el joven desnudo en el barreño de zinc recibe el frote suave de la madre en su espalda, como el rizo crujiendo sobre la piel de un sábado... Así quise ser yo, así. Y orinarme en los símbolos del mundo. ••• Jean Pierre Duprey fue hallado sin vida en su taller de París el día 2 de octubre de 195...