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Mostrando entradas de enero 4, 2009

Jean Pierre Duprey orina sobre la llama del soldado desconocido.

Como amueblar los pisos de los jóvenes casados y engalanar el tálamo con rosas perfumadas que aromen sus peleas nupciales, como mullir los tiernos almohadones donde sus cráneos reposen, como armar el sudario de unas sábanas donde nadar naufragios... Como una mirada tranquila quise ser... Pero París arde de un hambre inenarrable mostrando los desnudos de todas sus miserias y no es tiempo de risas y de abrazos. El Sena se desploma por sus puentes arrastrando el cadáver global de una ciudad quemada, los hombres no son siquiera sombras en el río, y la sangre que brilla en lluvia de cerezas como una primavera del horror. Como tender una melena sobre los aguamaniles y ponerle el jabón más aromado, como el joven desnudo en el barreño de zinc recibe el frote suave de la madre en su espalda, como el rizo crujiendo sobre la piel de un sábado... Así quise ser yo, así. Y orinarme en los símbolos del mundo. ••• Jean Pierre Duprey fue hallado sin vida en su taller de París el día 2 de octubre

La retórica de la poesía burguesa

El amaneramiento sin sentido, el no hablar desde el hombre y hacia el hombre con temporalidad y con fiebre humanista, el pensar que la poesía tiene sentido en sí misma y que no debe salir a la calle para exponerse al gentío, el subjetivismo como todo y la jodida deshumanización del arte... es la retórica absurda de la poesía burguesa que se enquista en los centros de poder literario y maneja las pautas oficiales para acceder a los dorados dineros públicos... y algo peor que eso [pues hasta aquí hablo de una estética definida y no compartida]: los poetas de base social que han hecho de ella ‘utilidad’, a los que someto al título de “poetas sociales burgueses”, que, amparados en la altisonancia mediática, utilizan el tono de denuncia en su poesía [siempre respondiendo a un modelo aceptado que funciona y procura un estado personal y una posición absolutamente contrarios a lo que se denuncia en sus propuestas poéticas –no proéticas–. Ellos son los peores, poetas burgueses disfrazados de po

Ansias de libertad

Quedábamos los jóvenes, lejanos, con el presentimiento jubilado de no volver a casa por las noches y seguir al escándalo del alud de la gente en la calzada o hacinarse entre aquellos brazos que envolvían ciñendo y podían no ser de una muchacha. Quedábamos múltiples los jóvenes ante el azar medido, sin conocer la dimensión del día o de la noche, desatados, gustándonos o no –que no importaba– y tramando sin plazos el deseo surgido de una sombra indefinible... Y vimos ya algo tarde que amar nos excluía, que ser igual a otros o distintos también nos excluía, que escoger o no hacerlo también nos excluía... Huimos a lo gris... y fuimos hombres buscando el acomodo entre las torres donde todo termina mutilado: hombres inadvertidos, carne dormida, muertos. Hoy, completado el círculo, batido el fango entero con un fragor de nada, solemne, erguido y viejo, busco esa bicicleta con la que ser el ansia. © luis felipe comendador