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Sara Teasdale intuye su parálisis

En cada palabra hay una herida por cerrar y otra abierta. Una herida tumefacta como los ojos crepusculares de una mujer violada, como el sexo manando esos períodos de los hijos frustrados –fantasmas de cloacas que sirven de alimento a los seres necrófagos de todos los subsuelos–; una herida profunda que vive en los afiches de las calles vacías donde un clochard ha muerto... Mirad la ventanita de aquella casa oscura; la poseen las sombras de dos cuerpos amándose, de dos químicas pares haciendo la mixtura de todos los humores, cocinándose, ardiendo sin percibir siquiera que la exacta genética dispone sus cadenas con precisión preclara. Mirad aquellas sombras, no necesitan método, pues manda el replicante sobre sus movimientos. Sobran las torías de todos los científicos, huelgan las religiones... Dos seres sin palabras, como sombras, sin cultura quizás –pues da lo mismo–, desentrañan en éxtasis la fórmula imposible de la vida. Mis piernas no responden, y no he amado aún... tan solo fui pa...

Hart Crane mira el mar con los ojos cerrados

¡Ah!, la distancia. Alejarse es apartar la mirada mientras el barco se hace un punto inasible... o quizás volver al lúpulo y su sangre. Vivir es una huida constante, un abandono. Alejarse es vaciar la memoria con arcadas... o perderse en la hiel del desvarío. En la borda, el sabor a salitre me llama a ser océano. Valoro la distancia y alzo el vuelo. ••• Hart Crane se arrojó al Atlántico desde la cubierta del buque Orizaba. Fue en el Golfo de México el día 27 de abril de 1932. © luis felipe comendador

Vachel Lindsay entra en el cielo

Caminando tampoco se llega a parte alguna. Yo, que horadé las trochas de la ciudad quemada por el fuego de las luces, que arrumbé mi cuerpo en extraordinarios parajes de Illinois o Nevada, que comí con los pobres ratas sabrosas al amor de la lumbre, que supe del banquete en New York y en Springfield, que vi la muerte en las minas y el dolor en los campos de centeno.... estoy aquí, desnudo, nítido, aguardando el algodón sintético del norte, la lluvia ácida y el viento putrefacto que llega desde desde los puertos con ese hedor a estibadores y a marineros podridos por la sífilis y el chancro. Estoy aquí expuesto al lametón de los maricas, a la mano del sátiro asesino de muchachas, desesperando una muerte que nadie quiere darme, porque no soy el muerto que necesitan, el que buscan. Me presto al coito de los puñales y solo el de la indiferencia me penetra. Me regalo a las balas y todas llevan otros nombres. Yo, que grité en los mercados, en las ferias; que encabecé algaradas, que viví en lo...

Florbela Espanca completa su sueño eterno

Todo aquel que es profundamente honesto, todo el que conoce cómo se mueve el mundo y lo abomina, todo el que busca que haya una causa noble ebria de justicia, el libre, el consecuente con sus actos, el que se alimenta de la sensibilidad... todos ellos y cada uno en su piel y su esqueleto son suicidas. Morir no es fácil, no, pero es lo más correcto. ••• Florbela Espanca murió por una sobredosis de veronal en Matozinhos el día 8 de diciembre de 1930. © luis felipe comendador

Ramos Sucre lucha contra el insomnio

Caminar por las noches hasta el éxtasis o hasta la desesperación, derrotando farolas, descaminando aceras y contando los últimos nictálopes hasta el negro total o hasta el dolor del alba. Los gatos son hermosos en estas horas ciertas de minutos larguísimos. Sus ojos desperezan mis instintos más bajos, aunque no soy capaz de desbocarlos. Algún destello a veces de un automóvil mágico y esta soledad única, indescifrable y nítida de segundos eternos que reclama descanso, aunque sea final. ••• José Antonio Ramos Sucre murió tras cuatro días de agonía por haber ingerido una sobredosis de barbitúricos el día de su cuarenta cumpleaños. Fue en Ginebra el día 13 de junio de 1930. © luis felipe comendador

Vladimir Maiakovski muere de revolución

Ya es oyen los cánticos, los gritos, de los pobres del mundo caminando hacia el norte con sus hoces altivas rezumando una sangre burguesa que gotea mansamente sobre sus sucios rostros. Mi corazón cabalga de una extraña alegría, es un timbal siniestro de entusiasmo y de sed. Vienen de Macedonia, del Sahara extranjero, de Corfú, de Aquitania, del mismo corazón de la manzana de cemento donde fueron esclavos. No tienen ideólogos, no quieren. No admiten la política ni el orden. Rugen y arrasan todo, apalean con odio al tirano y a todos sus delfines. Ya se sienten sus pasos como uno. Vienen desde los monzones eternos, desde el volcán de barro, desde los huracanes, y son la muerte misma, una muerte gloriosa y espartana. Tiemblen todos los virreyes, los hombres del petróleo, las sucias alimañas del dinero, los que contemporizan, los de la caridad. Tiemble el mundo entero, pues los pobres se han cansado y no hay armas posibles contra su rabia. Muero de libertad mientras el mundo es un incendio....

Jacques Rigaut funda la Agencia General del Suicidio

La autodestrucción como acto de fe, como bandera, como norte total e inexcusable, como justa rebelión, como protesta, como arma letal contra uno mismo, como risa final, como método justo de vaciarse, como máscara o pose –que es los mismo–, como efecto aceptado, irreversible, como par de la vida, como guerra interior no declarada, como peligro urgente y necesario, como razón del justo y el tirano, como expresión moderna y muy en boga, como lucha interior introspectiva, como forma de crítica al sistema, como terapia absurda y consecuente, como remedio justo contra el cáncer, como claudicación, como mordaza, como final también, como principio... Como negocio, en fin, seguro y cierto. Se admiten asociados en cómodo sistema de franquicia o accionistas solventes sin escrúpulos. ••• Jacques Rgaut se disparó un tiro en el corazón y lo hizo en París el día 5 de noviembre de 1929. © luis felipe comendador

Costas Cariotakis escribe en el Café Celestial

Vuelan los grajos en bandadas hacia los abedules como un velo de muerte; sus graznidos no pueden volar solos, no pueden vivir solos. Miro el Mediterráneo desde el acantilado, el mar, el Mar... pero no veo su fauna, esos seres del agua en constante acabamiento, en eterno final. Soy como un pájaro enamorado del abismo y de las olas; un pájaro sin escamas de pez, sin branquias ni pulmones, un pájaro inexistente que solo sabe caer... y es demasiado. ¿Cómo será la nada del abismo? ¿Cómo será la muerte? ••• Costas Cariotakis intenta ahogarse en el Mediterráneo y, al no conseguirlo, vuelve a su casa, se ducha y se arregla para dispararse un tiro en el corazón bajo un eucaliptus. Fue en Prévesa el día 21 de julio de 1928. © luis felipe comendador

Paco López Merino hace tertulia con Borges y se pega un tiro

Llegamos aquí jóvenes y bellos, con los sentidos ávidos, perfectos; con la miel y el almíbar coronando estas bocas jugosas, hechas para la sal y el abandono. Llegamos desnudos como cuerpos... y poseemos la música, los gestos, las miradas totales. Sabemos enseguida del abrazo y la lágrima, del duelo y de la risa, de la certeza absurda que es la duda constante y sistemática, de las negras cenizas que es el hombre y sus dardos. ¡Ah!, las sombras, maestro, esas sombras que son luz en sus ojos y en sus manos como un libro de arena, esas sombras que vomitan razón y alumbran todos estos muertos tristes que nos hacemos cada cuatro segundos. Llegamos para irnos definitivamente dejando entre los túmulos la triste calavera, unas flores quizás y algunas letras que den calor al mármol y avisen a otras vidas de que lo inexorable respira en cada cuerpo hasta que al fin lo agota. Esta hora es perfecta para el último hálito. ••• Paco López Merino se disparó un tiro en la sien. Lo hizo en el retrete de ...

Sergei Esenin se ahorca en el hotel Angleterre de Leningrado

Otra vez el espejo... ¿Para qué quiero conciencia? ••• Sergei Esenin se ahorcó en una habitación del hotel Angleterre después de escribir unos versos con su sangre. Fue en Leningrado el día 28 de diciembre de 1925. © luis felipe comendador

Arthur Cravan boxea con Jack Jhonson

El hombre se pierde en el hombre. Otro golpe. Los burdeles se cierran al amanecer como los ojos de las bellas prostitutas que los habitan. Otro, otro golpe. Los amantes se besan en el lecho de un hombre que trabaja en el puerto; la pasión del adulterio desatado. Otro golpe. Si yo fuera mujer, me podría lo físico: lesbiana. Otro golpe, otro golpe, otro. Y el hombre engolfándose en pura matemática, engañándose en números y teoremas absurdos, buscando en el análisis empírico la fórmula de un tiempo que se pierede. Otro, otro, otro golpe –este cabrón es bueno, y su esgrima magnífica–. Ya no veo nada, estoy ciego, nublado, grogui. Las cerraduras de las propiedades de cada uno de nosotros como ojos de vacío, como restos de la vida, como tumbas pequeñas, huecas. El autobús, el coche, las niñas con mochila en las tardes de semáforos ámbar, en agosto el mar, el sueño en lunes, el alquiler sin dinero y sin contrato, las rosas en el jardín buscando la sangre de unos dedos vírgenes... ¡Oh!, Ginsbe...

Mario de Sá Carneiro escribe a Pessoa

Aún me miro en el espejo buscándome en el cuerpo que contiene, pero solo me encuentro en los objetos: en el reloj de cuerda, en la camisa blanca recién almidonada por mi madre, en los zapatos negros que brillan como dos coleópteros heridos por los rayos del sol que escupe la ventana de mi cuarto, en el sombrero gris que acota el justo límite de un cráneo... También me reconozco sin dudarlo en ese justo y sobrio decorado que conforma mi espacio: en el galán de noche con mis prendas colgadas como ahorcados, en la cómoda vieja, en el armario... Pero el cuerpo que posa, el que me mira, el que envejece al lado de mis cosas... ese tipo no es yo, no le conozco. ••• Mario de Sá Carneiro tomó estricnina en París el día 26 de abril de 1916. © luis felipe comendador

Georg Trakl se lamenta antes de morir

Cuando la noche apaga los colores mis ojos no sirven más que para el luto y las exequias. No he vivido, y me duele... No he sabido cerrar las bocas con besos ni con palabras dulces, no he gritado mi rabia más que a los espejos, no he paseado los campos, no he libado el néctar del amor ni el de la risa, no he corrido peligros ni el riesgo ha cabalgado por mi sangre. No he vivido, lo sé... Tan solo he muerto. ••• Georg Trakl se administró una dosis de cocaína que le produjo la muerte. Fue en Grdek el día 3 de noviembre de 1914. © luis felipe comendador

Peiu Yávorov se formula una pregunta en Ginebra

Ya no puedo arder más  en esta llama. Nada puede volver. ¿Qué hacer entonces? ••• Peiu Yávorov ingiere veneno y se pega un tiro en la cabeza en Sofía el día 16 de octubre de 1914. © luis felipe comendador

Periclís Yanópulos cabalga hacia Eleusis

Es blanco el corcel de la muerte y veloz como unos ojos. Me lleva en su galope al mar alisando mis cabellos rizados en el Campo de Venus. La tierra son los hombres que la horadan, los que pueblan sus hondas sepulturas con huesos arbitrarios y con flores... pero ellos perseveran en su labor diaria, arañando el horror del desperdicio, descuidados del hálito de muerte que pende inexorable sobre todo. Yo aguanto en mi montura los embates del viento, los esquivo, hasta que estalla en rojos la abrupta costa helénica: Es Ítaca y no duele. ••• Periclís Yanópulos, en las cercanías de Eleusis, monta un caballo blanco a galope hacia el mar; cuando el caballo no pude avanzar más, se apea y se dispara un tiro con su revólver. Sucedió el día 10 de abril de 1910. © luis felipe comendador

Wolf von Kalckreuth escucha a Rilke

Como la vida, amigo, en el árbol florece, así también la muerte conoce la pulsión de sus segundos. A cambio de la herida de tu sien, recibe esta elegía que me pondrá el laurel de tu epitafio. ••• Wolf von Kalckreuth se disparó una bala en la sien junto a su cama en la ciudad de  Cannstadt. Fue el día 9 de octubre de 1906. © luis felipe comendador

Ángel Ganivet se bebe el Duina

Quizás esté lo muerto en nuestra alma, quizás no seamos más que solo muerte, quizás vivir no sea ninguna suerte pues solo en cada muerte hay una calma. Quizás de no morir fenece el alma y por ello la vida alumbra muerte. ¿Por qué no abandonarnos a la suerte del tiempo que nos resta hasta la calma? En este río helado en que me miro podría estar el fin de mi reflejo y el descanso total que necesito. No la horca, el arsénico ni el tiro, jamás la bala... nunca el aparejo; prefiero un trago amargo e infinito. ••• Ángel Ganivet se lanzó dos veces al río Duina... la primera pudieron sacarle del agua. Sucedió en Riga el día 29 de noviembre de 1898. © luis felipe comendador

José Asunción Silva se hace dibujar un corazón en el pecho

Conociendo con precisión exacta cada punto vital y rodeándolo con una diana cierta, tendré siempre constancia de que la muerte habita donde la vida late. Dibújeme, doctor, un corazón gemelo al que mi pecho encierra, y hágalo en el lugar justo que ocupa. No soy buen tirador, usted me entiende. ••• José Asunción Silva se disparó un tiro en el corazón, sobre el que se hizo dibujar un corazón par por su médico. Colocó una esponja entre la camisa y su cuerpo para no manchar su traje. Sucedió el día 14 de mayo de 1896 en Bogotá. © luis felipe comendador

Antero de Quental sufre una crisis de histeria en Coimbra

¿Cómo querrá la muerte mi alma, si está muerta? ¡Qué avidez por mi cuerpo deslavazado y seco! ¿No es el alma el botín?... ¡si yo no tengo! ••• Antero de Quental murió de dos disparos. Sumano apretó el gatillo. Fue en Punta Delgada el día 11 de septiembre de 1891. © luis felipe comendador

Gérard de Nerval pasea por los bosques de Valois

La mañana era extrañamente fría y Nerval dialogaba con la nieve: «Ahorcarse con el sombrero puesto es burlar a la muerte de dos formas... lo mismo un día de estos le hago un quiebro». ••• Gérard de Nerval apareció muerto en la nieve de París el día 26 de enero de 1855. © luis felipe comendador ••• Gérard de Nerval se promène dans les bois de Va lois. Le matin était bizarrement froid et Nerval conversait avec la neige: "Se pendre, son chapeau sur sa tête c'est doublement mystifier la mort... peut-être qu'un de ces jours je lui ferai un écart". ... Gérard de Nerval fut retrouvé mort à Paris sous la neige le 26 janvier 1855. © luis felipe comendador • "Paradis du suicidé". Traducción al francés de Sinda Pino