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Kierkegaard

Lo estético navega siempre en el mar de lo inmediato y tiene marcado su final en una suerte de desesperación que consiste en saber que ya no se puede esperar nada y, sin embargo, se continúa esperando… y el esteta vive en campos sensuales en los que el deseo y la huida del dolor son mercaderías diarias. Cuando el esteta comienza a ser consciente de que le ha llegado el puntito justo de desesperación, es exactamente cuando su estética pasa a convertirse en una ética que le viene a sostener hasta que todo acabe… así, el esteta empieza buscando el “placer” y evitando como sea el dolor, y siempre lo hace desde lo particular y desde lo excepcional, y, cuando llega a la ética, se asienta en el valor del “deber” buscando estabilidad, acomodándose en una moral… este viene a ser, a grandes rasgos, el planteamiento existencial de Kierkegaard [he pasado de anotar la última etapa de la existencia, la religiosa, porque me repatea y no la comparto]. Y desde este planteamiento intento mirarme hoy e i...

Bernardo di Bernardino Baroncelli

¡Glup!... desde este vuelo no me está permitido hablar, ni reír, ni blandir, ni besar, ni morder, ni comer, ni dormir, ni desperezarme, ni follar, ni roncar, ni fumar, ni beber, ni acariciar, ni sentarme, ni correr... pero el hambre sin par de insentirme flotar... y esta erección final... y el orín en mis pies... y la mosca ritual que desova en mi piel... y el palor de mi tez... y la lengua alocuaz que se burla sin sed... y los ojos clavados como los de aquel pez entre el hielo picado... El nudo que deshace una mano miedosa me transformará en cosa. Me poso, reposo... vuelo raso.

Hazte a la par que el beso...

Hazte a la par que el beso o en el agua o recostada sobre el verde recién regado… siéntete desnuda en el arroyo y flota como las pupilas cansadas por la tarde… rózame tartamuda y luego hazte madeja sobre mi tórax. En los nidos de mármol las mujeres desnudas amamantan silentes a los faunos y yo siento su sombra de colimbos sobre la espalda espesa… muere el día y aún no he aprendido a sentir lástima de mí… y me tumbo sobre la tarde entera, que está muerta, deshecha como una mujer cansada… Los dedos guardan siempre desmesura para engancharse húmedos a los rincones blandos… recorren las aristas y las rayitas lúbricas, se adhieren a las matas de piel que se despiertan… y todo es apacible, como los mangos verdes o las últimas gotas de semen que presumen un ritmo de muerte en la fuente del glande… Oí llover, pero no supe dónde, y aquel rumor sabía a crótalo y especias… también olí la lluvia, como los ungulados en la sabana seca, y me trabé como un geranio nuevo en ese olor de tallos y estruct...

El tipo de las cuatro I [novela]

Solía ser a las cuatro de la tarde sí solía ser a las cuatro de la tarde cuando le veía pasar por allí y solía ser a diario fallaba pocas veces sí era raro el día que no le veía pasar por allí por debajo de su balcón y siempre iba tarareando canciones antiguas o silbando con un trino especial era un silbido que sólo sabía hacer él luego siempre desaparecía por la esquina y ya no le volvía a ver hasta el día siguiente ostia quién será este tipo se preguntaba quién será este tipo y a qué coño dedicará su tiempo le sentaba mal no tener más datos del tipo fijo de las cuatro como le sentaba mal no tener más datos de la mujer que cruzaba la calle a media mañana y volvía al poco con una hogaza de pan entre los brazos como le sentaba mal no conocer lo que hacía el niño de la hora imprevisible ése que ponía a veces petardos en la pared de enfrente le jodía no tener más datos de todos aquellos seres de paso pero sobre todo del tipo de las cuatro qué haría después de doblar la esquina quizás iría...